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Martes, 12 de octubre:

Querido tú;

Nuestra historia comenzó una bonita tarde de verano de hace demasiados años. Por aquel entonces yo era un niño muy tímido y callado que prefería pasarse las tardes encerrado en su habitación, perdiéndose dentro de un libro de aventuras, antes que salir a jugar al fútbol con sus hermanos. No me gustaba hablar con la gente, ni hacer amigos nuevos, ni mucho menos ser el centro de atención.

Quizás fuese esa la razón por la que, a pesar de tener tan solo nueve años, mi vida social fuera escasa. Esto último conseguía preocupar a mi madre, quien estaba presionándome constantemente para que dejase los libros a un lado y saliese a relacionarme con el mundo. Aunque por mucho que me molestase cuando era niño, ahora no me quejo. De no haber sido por ella, nunca la habría conocido.

El parque al que solíamos ir a jugar estaba tan solo a unos metros de mi casa. Era un recinto pequeño, en cuyo centro había una fuente enorme en forma de rana. Estaba lleno de flores, y había algunos árboles cubiertos de hojas que no dejaban traspasar los rayos de sol a la parte de los columpios. Mis hermanos solían salir temprano de casa para ser los primeros en llegar y gozar de las grandes ventajas que tenía ser los dueños del parque durante un rato.

A mí no me interesaban ese tipo de cosas, así que cuando mis pies pisaron la tierra mojada del recinto de juegos, el lugar ya estaba lleno de niños.

Sobraba decir que la mayoría formaban parte de mi familia: mis seis hermanos, todos varones, se encontraban en ese parque, jugando a perseguirse unos a otros y a pegarle patadas a un balón. Y, sin embargo, yo fui incapaz de no fijarme en ella.

Estaba sentada en uno de los bancos más alejados de la zona de los columpios. Era una niña tan bajita, que los pies ni siquiera le llegaban al suelo —me preguntaba cómo había conseguido subirse ahí—. El pelo le caía por la frente, formando un flequillo rubio que apenas me dejaba verle los ojos, y sujetaba la cuerda de un globo rojo lleno de helio con ambas manos.

Entre irse con los chicos a jugar al fútbol y acercarse a aquella extraña, cualquier niño normal habría preferido lo primero. Pero yo siempre he sido bastante peculiar, así que elegí lo segundo.

Y fue así como la conocí.

Los globos llegan a la luna si los sueltas de noche¡Lee esta historia GRATIS!