Una risa estridente me hizo salir de mi lectura, así que voltee para ver quien era el causante de tanto alboroto, me encontré con una hermosa muchacha veinteañera, por aquel entonces yo contaba con 17 anos y estudiaba leyes, mi mirada de repugnancia debió de advertirle que se alejara porque lo hizo muy rápidamente luego de murmurar una disculpa sin mucha coherencia. Ese fue otro momento decisivo en mi vida, porque experimente por primera vez la obsesión.

No podía dejar de seguir sus pasos, de querer escuchar nuevamente la risa estridente y observar sus ojos azules llenos de vida; sentía a través de ella. Me propuse conocer todo lo que le concerniese, en una ocasión la segui hasta un bar en el centro de la ciudad , se suponía que seria un encuentro casual, le invitaría unos tragos, se daría cuenta de mi gran atractivo y saldríamos juntos.

El tiempo verbal que use es mas que información suficiente como para saber que no fue así, Alicia, ese era su nombre, rechazo todas mis invitaciones a un trago, rechazo entablar una coversación conmigo y descubrir mi gran atractivo; a pesar de que siempre me he jactado de controlar mis emociones pues soy casi carente de ellas, hay una existente y siempre intensa: la ira. 

Usando algunos trucos y artimañas logre que viniera conmigo al callejón junto al bar, el olor era nauseabundo y el ambiente en general sucio y deprimente. Allí lleve a acabo mi primer asesinato, Alicia fue una hermosa protagonista y su abrigo de cachemir blanco quedo tenido con de un color vino-tinto que representaba perfectamente mi deseo mas absoluto y esencial: un deseo de muerte. 

Aunque mi escenario fue un poco tétrico me parece el mas adecuado hoy en día, no lo cambiaría aunque tuviese la oportunidad para ello. Alicia merecía morir en un lugar tan asqueroso como ese, merecía cada una de las 7 puñaladas con las que herí su cuerpo para luego dejarla desangrarse en un proceso que llevo tan solo unos minutos y mientras de ella escapaba la vida yo recordaba las sensaciones de que casi había olvidado experimentar con mi ratón blanco.

En sus ojos vi incomprensión, vi miedo a morir, vi algo que me hizo entender que necesitaba mas; si has caído en un vicio entenderás a lo que me refiero, es ese momento en el que te das cuenta de que la sociedad tachara de comportamiento inmoral lo que haces pero la tentación es demasiado fuerte y decides guiarte por tus instintos. Por supuesto que mi vicio no me daña a mi, solo sabe tomar de otros aquello de lo que mas carece mi vida: alegría. 

Como es que Alicia podía ser feliz en un momento tan simple en medio de un pasillo desierto de la facultad? Como es que los niños sonríen ante cualquier gracia y los adolescentes de sus propios errores? Yo quiero experimentar eso. Quiero saber que se siente llorar de alegría y olvidar las lágrimas de impotencia. 

Me limite a observarla sufrir y a reírme de sus vanos intentos por hacer que alguien la escuchara y la pudiera socorrer, la musica imposibilitaba que eso sucediera. Verla desde arriba mientras se retorcía de dolor y contemplaba con horror sus heridas me provoco satisfacción. Robe un beso de sus labios mientras se debatía entre la muerte y la vida sus últimos segundos para luego regresar al bar. Ese día hacia frío así que los guantes impidieron que dejara mis huellas en su cuerpo, mi abrigo, en cambio, estaba bastante sucio de las porquerías de la calle y la sangre de ella, sin embargo era negro, por lo que podía disimular hasta llegar a mi casa y deshacerme de toda mi ropa. 

El fuego destruye mejor que cualquier otro químico la evidencia de la que depende la ciencia, me costo unos minutos convertir mi ropa en cenizas y tan solo un cuarto de hora irme una colina cercana y dejar volar las cenizas en el aire.

Al día siguiente encontraron su cuerpo en la misma posición y callejón en donde  lo había dejado la noche anterior, la policia encontró muestras de mi ADN en ella, pero poco pudieron hacer cuando hubo mas de un testigo apoyando mi versión de que fui rechazado y luego me retire del local. Obviamente, aun no encuentran al culpable. Su caso debe de ser uno entro los cientos en un deposito olvidado; igual que mis otros asesinatos de los cuales quede impune. 

La vida en la universidad siguió tan habitual como lo era antes del homicidio, luego de unas semanas de chuchicheaderas claro, las pancartas en contra de los bares peligrosos y con esas frases de “No vayas al baño sola!”, desaparecieron tras unos pocos días de su muerte. En cambio yo recorte los titulares del periódico en donde aparecía la noticia con referencia al asesinato en si y la búsqueda infructuosa del asesino; salir airoso de la investigación y sin ningún cargo pesando sobre mi me hizo crecer en confianza y deseos de ir a por mas; de volver a ver el deseo desesperado de supervivencia en mi víctima sin tener oportunidad de conseguirla. 

Cada año voy a visitar la tumba de Alicia, como agradecimiento, por mostrarme como tener una vida de emociones a través de otras personas y como el sufrimiento de otros puede causar placer y alegría en mi; aunque solo es si yo produzco el dolor, no tiene mucho sentido si alguien mas controla la situación en donde la víctima es torturada; debo ser yo quien haga sufrir para poder alimentarme y sentirme a rebosar de alegría. 

Mientras el tiempo pasaba igual que mi secundaria, libros, películas y ningún amigo, ahora sumándole un poco de sexo ocasional, mi necesidad de sangre se acrecentaba, mi necesidad de burlarme de la patética existencia de quien decidía como víctima aumentaba y las tardes pasaban entre pensamientos retorcidos de miles de maneras de asesinar y torturar, dejando espacio libre para contemplar el resultado de mi obra maestra antes de que esta se extinga para siempre. Antes mencione que soy un artista, uno muy ególatra, con estilo único y macabro, lo sé. Esto enmarcó cada una de mis actuaciones para convertirlas en lo que que fueron cuando las lleve a cabo. Mil desgracias con mil protagonistas diferentes. Mil alegrías con mil causas diferentes. Mil maneras de llevarlas a cabo. Cumplí en algunos anos mis fantasías mas oscuras y sensuales, cometí los pecados que tu desearías cometer y crímenes tan atroces que darían pie a tus pesadillas de cada noche; refine mi modo de proceder, y lo renové tantas veces que ha sido imposible realizar un patrón de mi, mis víctimas son un interminable surtido de edades, géneros, color de piel y creencias religiosas por lo que no existe conexión entre ellas y menos aun una relación posible, me asegure muy bien de ello. Cada una de mis víctimas es elegida con sumo rigor, como si de muchas pruebas de calidad se tratase; así evito errores de los homicidas impulsivos o de patrón fijo. Me enorgullezco de ser como soy, de pensar como lo hago y de decidir quien vive y quien muere. 

Asesino Perfecto.Free Stories You'll Love