Capítulo #33: Imparable

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Eran pequeños síntomas los que evitaban que se olvidara de su enfermedad. En esos días de nueva demora, le habría encantado recordar cómo vivía sin nada más que gases en sus pulmones; pero, incluso en su etapa lenta, el hanahaki era constante en hacerse presente de alguna manera u otra. Estornudar sin sentir un pinchazo interno era casi imposible. Tratar de inhalar cuanto oxígeno cupiese en él acababa en el mismo tipo de dolor. Jadear por el ejercicio era más difícil, quedarse sin aire era más fácil. Si algo lo hacía toser, temía que escaparan pétalos. ¿Era mucho pedir volver a la normalidad aunque fuera por veinticuatro horas?

Era incómodo tener problemas respiratorios, sobre todo al ser deportista. Su resistencia caía; temía no estar apto para aguantar todos los partidos de las eliminatorias. Ukai le recordaba que podía retirarse si consideraba que su salud corría mayor riesgo jugando, pero Daichi no iba a rendirse mientras pudiera respirar lo suficiente para ponerse en pie sin sentirse mal. Seguiría en la cancha mientras no estorbara en su objetivo de alcanzar las Nacionales, mientras fuera capaz de darle la oportunidad a Suga de participar más.

Había otro motivo por el que ignorar su condición era imposible, sin embargo, no había manera de quejarse de su reciente descubrimiento y causante de la lentitud. Le gustaba a Suga. Sonreía de solo recordarlo. Su esfuerzo daba frutos, era satisfactorio saber que era un hecho innegable. Bajo otras circunstancias más normales, solo eso sería suficiente para comenzar a salir; con su enfermedad, debía ser más paciente. Podía ser un poco frustrante; pensarlo como un visto bueno a cualquier intento de enamorarlo lo aliviaba.

Mantenía la esperanza de que la tardanza se extendiera hasta después de regresar a Miyagi de su última ida a Tokio, pero no fue complacido. Estaba tirado sobre el césped fuera del gimnasio junto a sus compañeros de tercero como un breve descanso antes de las prácticas libres. El cielo comenzaba a teñirse de naranja, el calor disminuía y la brisa era fresca contra su piel sudada. Disfrutaba esa paz en silencio, al punto de querer cerrar los ojos y aspirar profundo por la nariz; hacerlo fue el error. Le picó un punto por debajo de la garganta y supo que en menos de dos segundos tosería.

Salió disparado al baño, pero un inconveniente lo hizo frenar a mitad de camino. Los pétalos caían sin control, trazando un sendero de delgadas líneas moradas a su paso. Daichi no deseaba dejar un desastre, por lo que paró luego de cruzar a un lado del gimnasio. El viento no volaría el montón de pétalos a sus pies desde ahí. Esperaba que nadie fuera a revisar quién tosía tanto y tan fuerte, que todos estuvieran muy distraídos entrenando como para darse cuenta.

—¿... salieron? ¿De dónde salieron? ¿De dónde salieron? —De haber sido posible silenciar su tos de golpe, el murmullo repetitivo que escuchó a unos metros lo habría hecho lograr tal hazaña.

Daichi deseó desaparecer, adquirir invisibilidad en ese preciso instante, tener dónde esconderse, ser áfono por unos minutos, idear la excusa perfecta; nada se le cumplió. Permaneció parado en el mismo sitio, su cuerpo no se desvaneció, ninguna pared lo tapó, su tos insistió con mucho ruido y su mente no dio para inventar ni una línea que le ahorrase explicaciones.

—¿De dónde sal...? ¡Oh! —Ni siquiera le dieron ganas de dar la cara—. ¡Capitán, se le cayeron unas flores...! —Un golpe seco. Debió imaginar que no estaba solo—. ¡Ah, ¿por qué fue eso, Kageyama?!

—No lo grites, idiota.

—Esta vez estoy... —Daichi tosió dos veces y volteó. Se aclaró la garganta antes de continuar—... de acuerdo con Kageyama.

—¡No esperaba encontrarte al final del camino de pétalos! —A pesar del reclamo, el más bajito siguió exclamando. Solo porque ese era su aparente volumen natural y porque era más pasable, lo ignoró—. ¿De dónde salieron?

Cuando las flores hablen por él¡Lee esta historia GRATIS!