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Mía.

Viajamos toda la lúgubre madrugada por la carretera hacia Eunpyeong-Gu, la gran tormenta no cesaba y los nervios los traía a flor de piel.
No pegué ojo en toda la noche, Jungkook obviamente menos.
Miré el reloj de la radio y marcaba 6:45am y aún faltaba un tanto más para llegar a lo que tétricamente él llamaba como "nuestro hogar".

Temblé sobre mi asiento cuando él levemente rozó mi mano en el acto de encender la radio.

Buenos días queridos escuchas, hoy amanecemos con una muy mala noticia, además de que el clima no nos ayuda.

Se reporta que cerca de la estación de tren, Ikebukuro en Japón, se encontraron al menos cinco cuerpos de quince víctimas descuartizadas y brutalmente asaltadas sexualmente según reportes de la policía del lugar.

Actualmente el gobierno nipón ya esta tomando cartas en el asunto pero tristemente el asesino aún esta suelto. Les pedimos que si van a viajar a Japón y van a transitar por la zona tomen sus precauciones.

El hígado casi se me sale por la boca al escuchar aquella atrocidad, los recuerdos me venían a la mente como electroshocks al corazón. Me quedé estática cuando a mi llegó la primera vez que Jungkook me había violado y como consiguiente, golpeado. Mi boca solo formó una "O" y una lágrima asomó por mi cuenca para después resbalar por mi mejilla, un presentimiento nada agradable estaba recorriendo mis venas. Giré mi cabeza para verlo y en su rostro solo había maldad y una gran satisfacción; esa sonrisa que solo yo conocía y que tan solo tenía un significado, gozo.

—Oh, mi pequeña Mía, no estarás pensando que tengo algo que ver ¿o si? —Me preguntó con un tono pillo y que me sacó del trance en el que estaba.

—N-no, no... —Tartamudeé, ni siquiera supe cómo aquella negación había salido de mis labios.

Él siempre había tenido esa maña de saber lo que pasaba por mi cabeza, esta no era la excepción. Abrió la boca para decir otra cosa pero su celular comenzó a sonar, era una llamada.

Se quedó callado por unos tres minutos mientras escuchaba lo que la otra persona le decía por la línea.

—Si, lo he escuchado —Rió— ¿Cómo se te ocurre hacerlo en una de las estaciones de tren más transitadas? Idiota.

Entonces al final no estaba equivocada, él sí tenía que ver con aquellos asesinatos en Japón. ¿Pero cómo? ¿Estaría hablando con la misma persona de ayer?

—Ella esta aquí a mi lado y el bebé también —Agregó antes de cortar la llamada.

Dio un giro más a la camioneta y un letrero con "Bienvedio a Eunpyeong-Gu" nos recibió.

—¿Viviremos aquí? —Pregunté con un hilo de voz.

—Si, estarás cerca del Río Han —Sonrió.

Su sonrisa no sabía qué más provocaba en mi, si miedo o ternura... Puede ser que mi cabeza me este jugando una mala pasada pero, siento que una parte en él sigue siendo inocente.

...

Jungkook.

¿Cómo carajos se le había ocurrido a este gran imbécil matar a tantas prostitutas en un lugar tan transitado? Yo lo hubiera hecho mejor.
Reí, una carcajada salió de mi cuando vi que en la pantalla de mi celular apareció su nombre.

—¿Ya lo escuchaste? —Rió— Extrañaba hacer esto, se siente tan bien.

—Si, lo he escuchado —Lo acompañé con una leve risilla— ¿Cómo se te ocurre hacerlo en una de las estaciones de tren más transitadas? Idiota. —Cuestioné

—No lo sé, creo que esto me excita, hace que por mi corra tanta adrenalina —Suspiró cansado— ¿Y Mía?

—Ella esta aquí a mi lado y el bebé también —Dije antes de cortar la llamada, no podía levantar sospechas con ella a mi lado.

Después de una media hora más llegamos al condominio en el que había comprado un apartamento; bastante amplio y alejado, incluso cerca del bosque, un gran espacio para deshacerme de las próximas víctimas.

—Saldré, no quiero que hagas alguna estupides, ¿entendiste, mi amor?

Ella asintió, iba a girar su pequeño cuerpo pero antes de ello le advertí.

—Todas las puertas tienen candado, solo las puedo abrir yo con mi celular; no hay conexión a internet ni a teléfono, las ventanas tienen mica así que no hay manera de romperlas, las paredes son especiales, no se traspasarán tus gritos, no hay nada con lo que te puedas lastimar o tratar de huir —Dicho esto le di un beso a mi pequeño— Te amo, Mía.

Iría por mi segunda víctima después de tanto tiempo, una rubia foránea tenía una cita conmigo, la había visto en un bar de Seul algunas  noches pasadas; tan sucia, tan pecadora, tenía que ser purificada, yo la ayudaría con ello.

Llegué a una cafetería un tanto lejos, no quería que nadie me viera estar con ella, la divisé sentada tomando de una taza blanca, sus labios rojos como granada se habían quedado marcados en la porcelana, asqueroso.

—Hola —Le dije mientras me sentaba— ¿Me has echado de menos?

—Oh, Kookie, claro que lo he hecho —Dijo guiñándome un ojo— Tus caricias, las extraño.

No esperé más y la llevé a un motel de mala calaña, así nadie sabría qué pasó con ella. Bajamos de la camioneta y por supuesto mis amigas no podían faltar; pinzas, alicates y navajas, mejor combinación no podría haber.

Hice que se sentara sobre la cama boca abajo, le puse las manos por detrás de la espalda y la até con una soga, ella no parecía entender mi juego así que le expliqué.

—Sucia, asquerosa —Espeté— Ahora te haré entender que las prostitutas como tú no tienen lugar en esta vida.

La giré y le solté una bofetada, ella comenzó a gritar así que le puse cinta sobre la boca.

—¿Ves esto? —Le enseñé los alicates— Harán que sintamos mucho placer, muñeca.

Tomé con fuerza sus manos atadas y comencé a arrancarle de la piel una a una las uñas, la sangre empezó a brotar, la diversión comenzó a apoderarse de mi. Los gritos de horror inundaban la habitación.
Le quité la cinta de la boca y ahora con mis manos llenas de sangre saqué de la maleta unas pinzas.

—Quiero que grites, bebé, hazlo para mi como antes —Le dije.

—Eres un maldito enfermo. —Lloró— ¿Por qué haces esto? Jodido depravado.

Le abrí la boca y arranqué uno de sus caninos como si estuviese sacando una pieza del Jenga, y así continué con el resto hasta que empezó a toser sangre y su garganta ya no producía ningún quejido más, entonces me puse encima de ella, posando cada pierna a un lado de sus caderas, coloqué mi máscara de conejo y le dije...

Dulces sueños, princesa.

Puse mis manos en su cuello y la estrangule hasta que sus pulmones se quedaron sin aire y sus piernas dejaron de luchar.

Caí encima de ella y reí como nunca lo había hecho antes, había disfrutado tanto esto.

Había despertado la bestia que llevo en mi.

ᴇɴ ʟᴏ ᴘʀᴏғᴜɴᴅᴏ ᴅᴇʟ ʙᴏꜱϙᴜᴇWhere stories live. Discover now