Capitulo único

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Se había percatado que el cabello de Eren había crecido más desde la última vez que lo había visto. Podía confirmar que sus mechones castaños ahora le pasaban la frente y ocultaban sus grandes ojos verdes. La venda que ahora refulgía sobre su rostro era la marca de miles de batallas, miles de regeneraciones y el dolor de sus propios miembros descuartizados frente a sus ojos. El rostro ahora apacible y lleno de sabiduría, le había dado un toque más maduro a su faceta juvenil que tanto extrañaba en pequeños momentos.

Armin acortó la distancia desde la puerta de la habitación donde se encontraba, rodeando la cama y bordeando el pequeño velador que llevaba un espejo empotrado a ella. Y ahí se detuvo, pudiendo ver su silueta, su cabello corto con el color amarillento opaco, sus ojos azules aún mantenían ese brillo característico, a excepción de su rostro cansado y traslucido, adornándole unas ojeras prominentes. Su tez clara ahora ya no brillaba y sus veinticuatro años se posaban lúgubres sobre él. Dirigió la mirada nuevamente hacia el punto al que iba a llegar en un inicio, girando el rostro dejando que la persona que se reflejaba en el espejo se diera un respiro de él.

—Creí que iba a tardar más. — Eren se hizo a un lado, girando su cuerpo hacia la habitación y apoyando los codos en las esquinas de la venta, dejando un espacio disponible.

Respiró nuevamente y dejando parte de la venta disponible para que el otro se recargara, habló mientras veía como el otro se incorporaba a su lado, fijando su vista hacia arriba, permitiéndole sentir su calor corporal sobre la ropa de la milicia.

—Suponía lo mismo, ¿Ya designaron algo?

Armin asintió aun sosteniendo la vista hacia cada una de las estrellas que brillaban, el mar de ellas que sobresalían sobre las nubes, inalcanzables y hermosas.

—Mañana vas a recibir el reporte, Eren. Tendrás que analizarlo a detalle para que no haya ni un error. —

—Entonces es a mí a quien han elegido. —

—Sabias que iba a ser de esa forma, no hay nadie a parte de ti que pueda hacer uso de la coordenada. —

Eren dio un corta sonrisa, brillante y efímera.

Asintió y pensó en miles de posibilidades. Su cuerpo se irguió en su lugar, dejando de lado sus manos y un gran peso aterrizó en sus hombros, nuevamente. Pero, aún en esos momentos, una parte de él se sentía enormemente feliz.

—Pensé, de forma fugaz que podrías haber sido tú —dijo, escondiendo su rostro entre su chaqueta —. Estoy feliz de que no lo haya sido.

Su cabeza giró en dirección a su amigo, llevando su izquierda al rostro del contrario mientras daba suaves toques a su piel. Sintió su corazón bombear cuando la cabeza de Armin dio un ligero movimiento hacia su mano, aprovechando sus caricias por su cuenta. Sus pupilas azules ahora acuosas por una nueva despedida amarga se mostraron en ellas.

Eran tantas las ocasiones en las que se separaban, en las que sus posiciones no les permitían verse de forma regular o simplemente ignorar sus sentimientos ante la batalla que estaban librando desde que nacieron. Ambos decían adiós a aquellos días felices donde reían a mandíbula suelta en el suelo de aquella plaza. Adiós a cada ser querido que con el tiempo tuvo que marcharse. Y ambos eran fuertes, o eso era lo que querían demostrar ante los ojos de las personas que depositaban su confianza en ellos.

Pero en la oscuridad de esa habitación, entre gritos de rabia y escasos muebles que adornaban el lugar, su furia salía a flote en medio de lágrimas que no podía evitar derramar.

Armin observaba su reflejo en el espejo hecho trizas que ahora estaba sobre el suelo. Luego dirigía su vista hacia su amigo de la infancia que apoyaba su cabeza en sus piernas, sentado sobre el suelo húmedo, tiritando de rabia e ira, de dolor y auto decepción.

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