¡Todo esto me sucedió hace exactamente un año! Y ahora que lo veo con la perspectiva del tiempo pasado, veo lo infantil e inocente que era en aquella lejana época.
Lo cierto es que fueron unos meses tremendamente agitados. Un día estaba enormemente feliz y al día siguiente estaba completamente triste. Todo pasiones y actividad. Y una serie de acontecimientos me arrastraron de un lado a otro. Vale, no era completamente ajena y arrastrada. A veces yo era la enervadora. Pero principalmente me dejé llevar, aprovechando cada ocasión, cada oportunidad. Buscando la felicidad... aunque bien descubrí después que no es tan fácil.
La historia es ligeramente más larga y enrevesada. Y no es que vaya a contar al dedillo, pues aún hoy sigo sufriendo las consecuencias, principalmente alguna mirada asesina o comentario hiriente. Pero sobre todo, la perdida de una amistad muy importante para mi y que aún no he recuperado y no creo que recupere en mucho tiempo.
Y es que todo esto empezó allá como hace dos años. Fue en verano. Y me acuerdo que lo pasé muy mal.
Mi mejor amiga, aún sabiendo lo que sentía por él, y sin decirme nada, sin proporcionarme un colchón para amortiguar la caída, empezó a salir de sopetón con él. Y me sentó muy mal. No porque saliesen, sino porque ella no tuviese la decencia de decirme algo cuando yo se lo contaba todo... pero esa es otra historia.
El caso es que, aunque parezca mentira, eso nos unió a él y a mi, aunque yo seguía enamorada de él. Y tuvo que pasar un año, o casi, para que lo intentase superar.
Y aquí es donde empiezan las tres etapas de estos poemas.
Primero fue ella. Tan cerca y tan lejos. Nunca me atreví a decirle lo mucho que la quería. Y aún así estábamos tan cerca...
Después llegó él. ¿Fue premeditado? ¿O tan solo una experimentación? No estoy segura. Tan solo se que le hice daño y aún me odio por ello.
Porque cuando llegó el tercero, no dudé en olvidarme de él y lanzarme al nuevo...
Lo cierto es que no se diferencian la tercera de la segunda etapa en los poemas. Pero la primera si es claramente reconocible. Por el secretismo, por no ser capaz de decir las cosas en alto.
Pero al final, todos son lo mismo: poemas de amor de alguien que no sabía donde iba a terminar.
