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-buen día, señora

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-buen día, señora. ¿cómo amaneció?

-muy bien, querida. gracias por preguntar.

se escuchan risas. levanto la mirada y veo a dos amigas de unos dieciséis años que comienzan a charlar con emoción. sus conversaciones son políticas y critican a todo quien esté opuesto a sus ideales feministas. se ríen alto y acaparan miradas. se bajan dos estaciones antes que yo y cuando caminan con sus mochilas en la espalda gesticulan con las manos al hablar. son ruidosas y desenfrenadas pero ese día no les doy demasiada importancia.

no es hasta que empiezan a tomar ese tren todas las mañanas que las noto realmente.

-bonjour, madame. ¿cómo va su día?

-salut, messieur! muy bien, gracias por preguntar.

ese saludo bromista se convierte en una tradición, lo hacen cada vez que una de ellas sube al tren de las 7.05 am. al principio la gente las mira, algunos sonríen. luego con el paso de las semanas se convierten en algo más y solo los esporádicos usuarios de esa línea les dirigen miradas.

y yo. yo no puedo dejar de observarlas, hay algo en esa amistad que llama mi atención. será la pureza o inocencia que aborda toda relación a esa edad, no lo sé. pero me acostumbro a ellas, a sus risas y sus comentarios altos, los insultos que suelen atraer malas miradas pero que sin embargo no les importa en lo absoluto. no, viven ajenas a eso. están enfrascadas en ellas mismas, en charlar con pasión y energía.

vida es lo que irradian.

y eso me atrapa. hacen mis viajes más amenos y interiormente se los agradezco.

hasta que un día pasamos por la típica estación y la chica no sube. me doy cuenta porque no escucho el ya común saludo que invade el silencio y la neutralidad del vagón. miro a su amiga y ella se encuentra allí, sin embargo hay algo raro en ella. ojeras marcan su rostro y mira constantemente su teléfono. está esperando noticias y no parecen ser buenas.

una semana pasa sin la presencia de la otra muchacha. las ojeras se hacen más profundas, el cansancio se nota en todo su cuerpo. ya no mira tanto su teléfono.

está perdiendo la esperanza.

un día ella tampoco aparece. y al otro tampoco. el viaje hasta el trabajo se convierte en algo monótono, sus características voces ya no inundan el silencio. la ausencia de las dos chicas se nota entre los usuales pasajeros del tren.

cuando comienzo a volver a acostumbrarme al vacío en el trayecto, ella sube. no logro apartar la mirada. se dirige hacia su amiga y se funden en un gran abrazo. espero que digan lo mismo que todas las mañanas sin embargo no ocurre.

no dicen nada.

ya no hay más saludos originales ni malas palabras. silencio. algo cambió. es como si hubiera perdido la felicidad que la caracterizaba. la gente la mira atentamente y no logro comprenderlo. lo que antes solía llamar la atención se perdió, entonces ¿qué es lo que los atrapa? muchos otros intentan no mirarla pero fallan.

los días pasan y parecen estar llenos de oscuridad en las vidas de las chicas del tren. charlan de banalidades, ya no vuelven a hablar de política ni de movimientos revolucionarios.

algo está mal.

a veces no responde y se ausenta, mira por la ventana y se nota que hay algo que la atormenta. la amiga sujeta su mano y eso la trae de vuelta, con lágrimas en los ojos. le pregunta si se encuentra bien y ella asiente y fuerza una sonrisa. pero todos sabemos que está mintiendo.

nada en ella parece estar bien.

cuando bajan las sigo con la mirada. el hombre a mi costado nota mi interés y se acerca para susurrarme unas palabras en secreto.

-es la chica desaparecida.

lo miro atentamente y el continúa.

-la que desapareció hace unas semanas, ¿no te enteraste?

y yo, que vivo tan lejos de los medios de comunicación, o más bien los medios de manipulación, lo observo sin comprender. sin embargo él no parece darse cuenta.

-parece que un tipo la tenía. pasó una semana ahí hasta que pudo escapar. le hizo pasar un calvario a la pobre piba. no se sabe bien si la...

dejo de escuchar. miro por la ventana y la veo salir de la estación. me mira por unos segundos hasta que el tren arranca y la pierdo de vista. pero esa torturada mirada me lo explica todo. no perdió la felicidad.

se la arrebataron.

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