27.

30 de Julio: Götterdämmerung.

—¿Pero cómo has conseguido este número?

—Creía que mis influencias ya habían quedado más que claras.

—A alguien en Datos se le va a caer el pelo.

—Vale, pero luego dale recuerdos a tu madre de mi parte.

—¿Mi madre?

—Claro, fue ella quien me lo dio después de buscarla en la guía.

Uno de los periodistas la siguió cuando salía del Ministerio de Comunicaciones. Tal vez para que no le vieran los que se habían quedado dentro, o por no detenerse en la escalinata, esperó hasta que ambos estuvieron en la plaza para llamarla.

            —¿Cordelia Braithwaite? Señorita Braithwaite, un segundo, por favor... —Klio no se había dado cuenta de que estaba allí, y se volvió intrigada y algo molesta sin ninguna razón en especial. Hacía calor y había pasado en el Ministerio mucho más tiempo del que tenía previsto, así que ya no tenía tiempo para nada más que quedarse en la Argenta y esperar. El periodista no pareció darse cuenta de nada de eso—. Interesante demostración ahí dentro. Mack Statham, del Pregón de Saskatchewan, ¿tiene un momento?

            Le hubiera gustado decirle que no y mandarle a la mierda, pero entonces se le ocurrió que, de algún modo, su madre se enteraría y lo usaría después para echarle en cara que le había advertido de algo parecido. Que se iba a hartar en seguida de todo aquello, de tener que contestar las mismas preguntas y dar las mismas explicaciones a veinte personas distintas. Era cierto, de todos modos. Así que sólo por contrariar a los ojos y oidos omnipresentes de Patricia Braithwaite, asintió sin sonreir y le indicó al periodista que siguiera caminando con ella. También miró el reloj de la fachada del Archivo. Le quedaban quince minutos.

            —Sólo tengo cinco minutos, ¿y qué quiere preguntar que no haya respondido ya dentro? —La verdad es que no se le ocurría nada. Había sido una suerte que se hubiera leido todo lo publicado hasta entonces sobre June Lavander, e incluso hablado con un par de sus vecinos. Al jefe de policía desde luego le había hecho un favor a medias; desvió la atención de los periodistas durante un buen rato, pero para cuando dio por finalizada su intervención los ánimos y las opiniones personales de muchos de los espectadores estaban en su punto álgido.

            Mack Statham era bastante más alto que ella, tenía los ojos azules y vestía bien para ser un periodista de segunda luchando por un ascenso, que eran los que estaban cubriendo la muerte de la niña. A Klio aún le causaba cierta inquietud el ver a gente tan pálida expuesta al sol sin protector. Después de tres meses ella aún buscaba el bote de crema en los bolsillos de vez en cuando. Apartó la vista y continuó caminando hacia el centro de la plaza.

            —¿Le hubiera importado lo más mínimo la familia Lavander de no mediar su experiencia en las regiones exteriores, señorita Braithwaite? —preguntó Statham sin hacerse de rogar, ajustando el botón grabador que llevaba prendido en la solapa de su chaqueta. Klio se detuvo en seco y él aprovechó para adelantarla y cerrarle el paso.

            —¿Y tú has estado en las Nethers?

            —Yo no soy el entrevistado, señorita Braithwaite.

            —Pues técnicamente yo tampoco, así que no sé qué hacemos aquí, ¿verdad?

            Posiblemente en el jodido Pregón de Saskatchewan el tal Statham no tenía ninguna posibilidad de pasar de cronista de sucesos, así que iba por ahí haciendo preguntas dignas del Muro del Norte, el diario totalista de Inuvik. No era la primera vez que alguien le echaba en cara el haber vuelto, como si fuera culpa suya, así que se cruzó de brazos por encima de la chaqueta y echó a andar como si ya se hubieran despedido. A Statham no le costó volver a alcanzarla.

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