Capítulo 2 - Segunda Parte

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Adder sonrió en la oscuridad de su celda, ese si iba a ser un reto divertido además, la información ya había sido pasada, los polis siempre actuaban igual. Eran predecibles salvo quizás, la agente Bliard. Estaba seguro de que si se enteraba de que había realizado una llamada ella la analizaría ¿sería capaz de descifrar el mensaje oculto? 

Por el momento tendría que ser paciente, aunque fuera correcta y educada no se fiaba, no dejaría que se acercara así como así, su mirada desconfiada se lo decía así como su expresión corporal, pero almenos había mostrado ser como creía… su humanidad la ponía en bandeja. Realmente había sido la única que se había preocupado por su estado.

Parecía que la chica tenía carácter y por supuesto no era sobornable, por lo poco que sabía, hacia sólo medio año que la habían destinado ahí y ella solita ya había hecho una buena limpieza y Durel la tenía a su lado como el más preciado tesoro por suerte, este ante las enormes presiones que recibiría acabaría cediendo por un lado u otro. 

Así que el único eslabón suelto por el que preocuparse era esa chica de rostro dulce y hermoso. 

Mirándola desde fuera nadie diría bajo esa piel se escondía una agente, parecía tan frágil y suave… apetecible, era la clase de chica que uno desea proteger y estrechar, cuidarle y amarla con suavidad y sin embargo había un algo salvaje y duro en sus ojos verdes. Era lo que cualquier tipo con dos dedos de frente querría en casa. En resumen lo que ya había pensado, una buena chica con las ideas claras y la mente despierta ¿podría realmente moldearla alguien? ¿Anularla? 

Suspiró y su piel se erizo al recordar de nuevo su rostro angelical, su cuerpo reaccionó endureciéndose al punto de forma dolorosa y gruñó por lo bajo.  Ninguna mujer había conseguido eso sin ni siquiera tocarlo o mirarlo pero aquella chica… despertaba un deseo salvaje en él. Ella era la inocencia personificada y él el lobo feroz que la acechaba plantando la semilla de la duda.

En unos días ella solita conseguiría que lo soltasen y por supuesto Abigail pagaría la fianza. Más le valía estar trabajando a esa arpía o tendría serios problemas, debía saber todo lo que “ellos” conocían. Tendría que estar una buena temporadita fuera de juego, las sospechas no desaparecerían así como así y estaría en el punto de mira. ¿Por cuánto estaría protegido? La guerra entre sus familias no haría más que encarnizarse.

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Me desperté temprano y me puse en marcha enseguida, quería hablar con Álvaro Mckoy antes de que estos vinieran a comisaría. 

La mansión de este se encontraba en la parte alta de la ciudad dentro de una de las urbanizaciones más lujosas y apartadas del resto de la urbe y por supuesto elitista. Pase el primer control y enfilé hacia la finca, una vez frente a la verja de la casa el guardia de seguridad me detuvo, le mostré la placa sin decir absolutamente nada y el segurata me abrió, sabía perfectamente que lo estarían avisando. 

No me equivoqué, cuando cerraba la puerta de mi coche el tipo ya salía por la puerta con el albornoz medio desabrochado con un bostezo a la vez que se desperezaba.

Debe ser cierto eso de que la ley no descansa ¿Qué la trae aquí agente?

Su presencia en las grabaciones.

El rostro de Álvaro cambio enseguida y yo me acerqué observando el trozo de brazo descubierto y su mejilla arañada.

¿Cómo se hizo eso? – señalé las heridas.

Intentando desbrozar el jardín de atrás__ puso los ojos en blanco – No pregunte – medio rió llevándose la mano al abdomen.

Yo enarqué la ceja.

Noche de Calor - Capítulo 1¡Lee esta historia GRATIS!