Capitulo 24

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Justin Bieber estaba en las nubes y cuando una dice eso, es que él ya había encontrado lo que más deseaba.

Alguien que pudiese llenar su vida, la vida que un día le arrebataron.

Justin Bieber era el más en esos momentos. Con sus treinta y cinco años recién cumplidos meses atrás había conseguido tener una empresa por todo el mundo y era capaz de bañarse en oro si él lo deseaba.

Después de lo pasado muchos años atrás, decidió que lo mejor era poner toda su vida entretenida y llenar el vacío que siempre sentía cuando pensaba en el pasado.

Contactó con su padre para que le dejase una base de dinero para ir creciendo. Y sus deseos fueron ordenes.

Jake había crecido tanto en esos años que ya nadie era capaz de recordarle lo que era cuando tenía menos de tres años.

Él estaba entrando en la adolescencia y sus hormonas revolucionadas estaban floreando.

Aun así, ese chico era un caso perdido.

En el instituto era el más, el popular, haber cogido como fútbol americano de extra escolares le había ayudado muchísimo con las chicas.

Cosa que él no estaba interesado. Era difícil de poder llegar al fondo de su corazón oscuro.

No estaba interesado en perder el tiempo con mujeres, si no que, siempre que las veía pensaba en sólo una mujer que se llevó con ella su corazón.

Y es que los dos hombres, al llegar a casa, se preguntaban lo mismo: ¿por qué la vida estaba siendo así de dura con ellos?

Era una casa grande, por no decir bestialmente enorme. Jamás alguien había visto una casa así.

Tenía más de veinte habitaciones entre las cuales se debían restar el grande salón y cocina, los baños principales y algunos privados que incorporaban algunas habitaciones de huéspedes.

La cocinera treintañera Lola, había sido contratada por Justin gracias al anuncio que ella puso en una pagina web de trabajo en España.

Lola estaba preparando la cena para todos los habitantes de esa casa. Y sólo habían dos habitantes. Dos para una enorme casa.

El primero en llegar fue Jake de la escuela y saludando con un asentimiento a Lola se marchó a su habitación para tirar la mochila al suelo como solía hacer.

Jake se quedó mirando su habitación por un largo y tendido tiempo.

Su habitación era tan grande como un pequeño piso de sesenta metros cuadrados, de color azul cielo y eso a él no le gustaba. Creía que era una mariconada en toda regla.

Pocos cuadros de los sitios a los que viajó con el tío Beppe posaban por las paredes. Italia, Francia, España, Alemania, Austria...

Pero el que se quedó mirando un buen rato era la foto que se encontró en una caja cuando era pequeño y Justin la había estado guardando hasta que Jake supiese lo que era la vida en sí.

Una mujer de unos veintipocos años, rubia, con los ojos oscuros casi como él los tenía, posaba sonriendo con esa sonrisa que era capaz de enamorar a cualquier persona y transmitir su felicidad a los demás con sólo mirarla atentamente.

La mujer de la foto sostenía a un pequeño niño de unos tres años, diría él. El niño estaba escondiendo su rostro en el cuello de la mujer y por eso ella sonreía.

Tía Jenna siempre dijo que había sido un niño tímido por esas edades.

Jake instintivamente sonrió queriendo recordar esos pequeños recuerdos, el olor que debía emanar esa mujer, pero no era capaz de recordar nada.

Vuela Libre #2 (EDITANDO)¡Lee esta historia GRATIS!