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Temprano por la mañana, y a pesar de que la somnolencia se empeña en tratar de cerrar mis ojos, observo con ternura a la chica que se halla frente a Sophie y yo

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Temprano por la mañana, y a pesar de que la somnolencia se empeña en tratar de cerrar mis ojos, observo con ternura a la chica que se halla frente a Sophie y yo. Ella me dedica una mirada extrañada en cuanto se percata de que la escruto deliberadamente así que me veo obligada a desviar mi visión para no mostrarme tan sospechosa, además de que sé muy bien que no puedo confiar en mi rostro matutino pues es de esos que suelen reflejar una mezcolanza de emociones de las cuales uno carece de total control debido al sueño y por eso causan una impresión —o un susto— no planeado ni pretendido en el otro.

Hoy, después de haber planeado todo con algo de premura, mucha emoción, cariño y unas cuantas pizcas de ilusión, al fin es el día, y sólo espero que nada ni nadie emerja para arruinarlo porque ella merece que sea así de especial, tal como lo he imaginado, porque sí, desde que tengo conocimiento de lo que está a punto de ocurrir, en medio de las penas nocturnas que insisten en perseguirme cada noche, solía amainar mi desánimo cavilando respecto a ello, a la única buena noticia de la que yo formaba parte.

Y estoy tan emocionada, y tan ansiosa por liberar, de una vez por todas, la sonrisa que he reprimido desde que leí en la alarma de esta mañana que hoy, por fin, era el día.

—Estoy segura de que hoy tenían clases por la mañana —enuncia Zaray en tono acusador—, es más, estoy segura de que algo traman porque estoy segura de que eso es lo que estaba estipulado en su horario académico.

—La pregunta es Zaray, ¿estás segura de lo que estás segura?, porque puede que tal vez no estés tan segura de lo que, supuestamente, estás segura —dije para distraerla. Me golpeo mentalmente por la idiotez que acababa de decir, puesto que de seguro ha incrementado sus sospechas con respecto a lo que estamos haciendo aquí, en la cafetería que se encuentra cerca de la universidad en la que estudiamos con Sophie.

Culpo al nerviosismo por mi habladuría innecesaria.

—Si estoy segura de lo que estoy segura es porque no estoy nada insegura de lo que estoy segura, por algo es que estoy completamente segura de lo que estoy segura, ¿no? —Me sigue el juego Zaray.

Yo sonrío, muy dispuesta a prolongar el juego si es que el momento lo amerita hasta que sea la hora, y si es que Zaray no se aburre de él, claro.

—¿Van a parar con esa tontería? —cuestiona Sophie con evidente fastidio quitando, sorpresivamente, toda la atención que le brindaba a su teléfono sólo para ponerla en nosotras.

—¿Entonces tú me dirás por qué han faltado a clases sólo para traerme aquí?

Mi corazón se acelera en cuanto oigo a Zari.

Rayos Sophie, ¿no podías sólo taparte los oídos, o unirte?

Miro a Sophie expectante y sumamente esperanzada, de seguro sabrá que responderle.

—Pregúntale a Azú. —Le aconseja, despreocupada, para luego, volver a concentrarse en la pantalla de su celular.

Me quedo observando a Sophie totalmente perpleja, y es que no puedo creer que no esté colaborando para que no se vaya por la borda el plan que habíamos ideado para distraer a Zaray, y mucho menos puedo transigir que no evidencie entusiasmo alguno por la causa, o al menos algo de interés por lograr realizar satisfactoriamente el motivo que nos convoca. La verdad es que no sé qué pensar respecto a su indiferente actitud, ¿será que oculta su emoción de forma magistral, tal y como yo no puedo hacerlo?, o, por el contrario, ¿será que realmente no está encantada con todo lo que hemos organizado, ni siquiera con el objetivo final?

El llanto de una Azucena©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora