—Emmeline.

—Probablemente no te agrade saber quién es, pero te juro que me hace feliz. Y seré inmensamente feliz, Francis, si tú nos das tu apoyo. —Estaba apretando las manos de él con fuerza, y recién lo notó cuando terminó de hablar.

—¿Qué puedo decir cuando me estás mirando de esa forma, Em? —Suspiró el Conde.

—Que me quieres a mí, más que a Parker y dejarás de atosigarme para casarme con él, solo para ayudarlo en sus problemas financieros. Eso me duele Fran, me duele más de lo que puedas imaginarte. ¿Usarme para beneficio de tu amigo?

—Haces que suene horrible, Emmeline. No es así como lo pensé. Parker era una perfecta elección para ti. Él sabe todo de nosotros, es un caballero, te guarda mucho cariño y además, serías Condesa —explicó y sonrió victorioso ante la mueca enfurruñada de su hermana que dejaba ver que estaba un poco de acuerdo con su lógica. Pero esa sonrisa se borró en cuanto reparó en algo más—. ¿Cómo rayos te has enterado de los problemas de Parker?

Ella se encogió de hombros. —Joseph mencionó que su padre lo había dejado en la ruina, y con muchas deudas... No fue difícil unir los puntos correctos y deducirlo. Tú lo acabas de confirmar.

Francis maldijo por lo bajo.

—No soy una tonta, Fran.

—Dios, no —resopló él—. Eres la mujer más brillante que he conocido en mi vida —acarició su mejilla con cariño—. Solo espero que tu futuro esposo sepa valorarlo.

Ella jadeó y levantó la mirada iluminada al igual que su sonrisa.

—¿Lo aceptas? —Soltó un gritito—. ¿Lo aceptarás? ¿Nos darás tu bendición?

—No lo sé, Emmie. Todavía tengo que conocerlo. No voy a permitir que te cases con un imbécil, un estafador o cualquier hombre que pudiera hacerte infeliz. —Esta vez fue el turno de él de levantar una mano para callarla—. Sé que ahora estás completamente segura de que te ama y todo lo demás. Pero... —bajando la voz se acercó más a ella—. ¿No crees que mamá también pensaba eso cuando conoció al Conde?

Entonces Emmeline lo entendió. Al fin lo comprendió. Toda la preocupación de su hermano que ella creía injustificada.

—Oh, Francis. Nunca había lo pensando de esa forma.

—¿Entiendes mi preocupación? Sé que eres inteligente y siempre has podido entender a las personas. Pero soy tu hermano y me preocupo por ti. Nunca puedo descartar que sea un experto mentiroso que quiere aprovecharse de tu belleza, tu dote, o peor, tu corazón.

Ella se secó las lágrimas que se le habían escapado y sonrió estirando los brazos para volver a abrazarlo.

—Te quiero tanto, Fran. No sé qué sería de mí sin ti.

—Nunca lo sabrás —murmuró contra su cabello—. Ahora vamos, regresemos. No queremos que el Duque crea que somos unos maleducados por ausentarnos por tanto tiempo.

Oh, el Duque. Otra de las cosas a las que necesitaba hacerle frente. No podía dejarlo marchar sin antes hablar con él. O quizá, podría tener una pequeña charla con la Duquesa y mencionarle el tema...

¡No! Gritó por dentro.

No sería una cobarde. Ella no se amilanaba con casi nada, y el hombre no era más que eso. Un hombre, sin importar su posición. ¿Qué daño podría causarle? Ninguno, se dijo a sí misma. Una inocente charla acerca de la relación con su hijo... Y no podía ser considerada entrometida, al fin y al cabo, iba a casarse con Joseph.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!