Capítulo 25: ¿Amigos?

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Título completo: ¿Amigos?; dedicado a SoloDimeMilo.

Después de que Daniel me acompañase a la enfermería volví a clase, pero justo cuando entré al taller de Tecnología sonó el timbre, indicando que el final de la clase había llegado. Cogí mis cosas y salí directamente del instituto, encontrándome con Bryan, que me estaba esperando.

—Hola —sonrió pasando su brazo por mis hombros—. ¿Qué tal el día? —comenzamos a caminar hacia casa.

—Bueno... —suspiré cansada y durante el trayecto de vuelta narré para el rubio todo lo sucedido durante este largo día.

—Wow, lo que no te pasa a ti no le pasa a nadie —rió el entrando a mi departamento detrás de mi.

—La cruda realidad es que tengo que darte la razón —hice una mueca medio divertida y me dejé caer en el sofá.

Poco después Bryan se unió a mi huelga en el sofá, con provisiones —básicamente comida y una manta— y ambos nos quedamos así viendo una película que estaban echando en la televisión, bastante entretenida la verdad. Hasta que llegó el final.

—¿¡Pero qué mierda de final es ese!? —me levanté de golpe, indignada, haciendo que Bryan se asustase—. ¡Ellos se querían!

—Vicky... tan solo es una peli —intervino el rubio un poco más tranquilo.

—¿¡Una peli!? —yo seguía alterada—. Eso puede pasar tranquilamente en la vida real e imagínate que su historia acaba así. Imagínate que ese eres tú.

—O tú —él arqueó una ceja y cogió mis manos arrastrándome de nuevo al sofá—, así que aprende de lo que acabamos de ver y si tienes delante al amor de tu vida, si estás segura de que lo quieres, pelea por él.

Como era costumbre Bryan me dejó sin habla debido a sus palabras. Suspiré mirándolo y asentí mordiéndome el labio.

—Serás el primero en saber si encuentro a ese amor del que tú hablas —dije con una sonrisa.

—Más te vale avisar al mismo tiempo a Ally o nos matará a ambos —me corrigió Bryan con una sonrisa de oreja a oreja—, y ahora tengo que irme —se levantó camino a la puerta y yo lo miré confusa.

—¿No te quedas?

—No creo que a Daniel le haga mucha gracias ni siquiera verme —echó un vistazo al reloj—, y no queda mucho para que llegue la hora de su clase de matemáticas.

—Oh —me llevé una mano a la frente, con todo el tema de la película y al pasar tiempo con Bryan casi me había olvidado—, es verdad, gracias por recordármelo —le dediqué una sonrisa angelical.

—No pierdes la cabeza porque la llevas sobre los hombros —él puso los ojos en blanco y abrió la puerta lanzándome un beso desde allí—. Vendré para cenar, sabes que odio cocinar —dijo divertido.

Estaba a punto de protestar cuando me fijé que había alguien justo delante de la puerta. Alcé un poco más la cabeza, para alcanzar a ver mejor esa silueta y me encontré con un Daniel que apretaba los puños ¿molesto? ¿Qué le habría pasado? Bryan se dio cuenta de su presencia justo al mismo tiempo que yo.

—Bueno, yo me voy —me sonrió por última vez antes de entrar al piso de enfrente.

—Eso, tú vete —oí mascullar a Daniel mientras cerraba la puerta. Se giró a mirarme y su expresión había cambiado totalmente, de molesto a normal o incluso contento.

—Hey —sonreí levemente estirándome en el sofá para alcanzar mi mochila, pero desgraciadamente no llegaba.

—Pero mira que eres vaga... —miré a Daniel que se estaba riendo de mi, pero en su trayecto hacia el sofá la cogió para mi, entrengándomela al sentarse a mi lado.

—Gracias —sonreí contenta, revolviéndole el pelo—. Vamos a ver lo mal que se te dan las mates —bromeé.

—Podría batir un récord —me siguió la broma sonriendo, pero poco después, mientras yo sacaba el libro de la bolsa, se quedó mirando un instante a la puerta—. ¿Le parece bien a Bryan que me ayudes? Ya sabes... por lo de que él es el capitán del equipo y eso... Además tenéis una relación... ¿especial? Os lleváis muy bien y... 

—Por él está todo perfecto—dije cortándolo.

—Ya veo... —él asintió rascándose la nuca y me miró—. Bueno, cuanto antes empecemos antes acabaremos.

Coincidí con él, por lo que decimos coger un par de folios. Le puse unos cuantos ejercicios de toda la materia que le entraba en el examen y le expliqué de la forma más sencilla posible cómo se resolvían.

Poco a poco me pareció que iba entendiendo, pero a pesar de todo se nos hizo tarde, y la verdad es que yo tampoco quería que se marchase, porque si lo hacía Bryan vendría a invadir mi casa en busca de comida. Me levanté y caminé hacia la cocina e hice la cena. De todas formas tendría que hacer cena para dos porque a este paso Daniel se quedaría hasta tarde.

Dejé sobre la mesa del salón algo para picar mientras terminábamos y comimos poco a poco a la vez que le explicaba el último problema. Cuando todo estuvo listo y llevaba bastante bien preparado el examen ambos fuimos a la cocina y saqué los espaguetis que se estaban haciendo.

Puse la televisión mientras comíamos, de modo que lo hicimos en silencio. Al terminar Dan me ayudó a recoger la cocina, rozándose demasiado conmigo para mi gusto, por lo que no dejaba de mandarle miradas fulminantes, ante las cuales él reía.

—En el fondo no has cambiado mucho, Vicky... —dijo mirándome una vez acabamos, mientras se apoyaba en la encimera.

—Sabes que siempre he sido así con la gente a la que conocía, con la que tenía confianza.

—¿Conmigo? —ante esa pregunta me callé, tenía clara la respuesta, ¿pero debía de decirle la verdad?

—Contigo —dejé escapar finalmente junto con un suspiro. Él sonrió.

—Lo de hoy ha estado bien, y lo del otro día en mi casa, con Callie...

—No ha estado mal, tienes razón —sonreí sin poder evitarlo.

—¿Sabes? He estado pensando que quizás... que quiezás podríamos volver a intentarlo. Ya sabes, como amigos, al fin y al cabo, por mucho que ambos queramos negarlo sabemos que nos conocemos mutuamente mejor que nadie.

—¿Hablas en serio? —lo miré arqueando una ceja entre sorprendida y sarcástica.

—Yo siempre hablo en serio —él me guiñó un ojo divertido, a lo que yo puse los ojos en blanco, pero me quedé pensando.

Estaba claro que si la situación era como yo la pintaba —yo decía que ya no me importaba que me hubiese rechazado, para mi ahora era como otro chico cualquiera— no tenía nada de malo que volviésemos a ser amigos. De hecho, él tenía razón, nadie, ni siquiera mis padres, me conocían mejor que él y viceversa. Y a pesar de los años eso seguía siendo igual. ¿Por qué no intentarlo entonces?

—Yo... —suspiré, en mi interior no podía creerme que fuese a hacerlo—. Está bien.

Daniel pareció meditar esas dos palabras por todo un minuto. Después sonrió acogiéndome entre sus brazos.

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