-¡A LEVANTARSE! - Escuché como alguien daba golpetazos a la puerta de mi habitación repitiendo la misma frase durante unn buen rato. No sabía que hacer, lo único que se me ocurrió fué tirar la almohada a la puerta haciendo que sonara un gran golpé.

-¡YA VAMOS!  -Grité sentandome en la cama. Cogí mi móvil, eran las ocho de la mañana, ¿mi padre quería que me diera algo? entonces recordé lo de anoche y un dolor de cabeza nació de repente.

Sólo quedaban tres días para ver a Dylan y 25 para que Scott se fuera de aquí. Que se pase rápido por dios. Hablando del rey de Roma, ya se estaba vistiendo con unos pantalones cortos -que por cierto hacía de su culo un monumento- y una camiseta de tirantes donde se podían ver todos sus músculos.

Brooklyn, esto no es normal en ti, te estás volviendo una mojabragas.

Me levanté y fui al baño, para hacerme una coleta alta, me puse unos pantalones cortos y una camiseta de mi hermano, que le había cogido "prestada", bueno, os preguntaréis que dónde está mi supuesto hermano, pues James está en Nueva York, hace dos años que se fué con su mejor amigo a vivir allí para los estudios.

Bajamos a desayunar, um, tortitas.

-Vaya, si que habéis madrugado hoy. -Dice mi madre.

Deposité un beso en su mejilla y me senté al lado de mi padre en la mesa que está con un periódico, Scott pasó cinco segundos después dando los buenos días y sentándose a mi lado.

-Sí, bueno, los he llamado porque creo que mientras no estamos podían limpiar un poco, ¿a que sí chicos? -Dijo mi padre con una sonrisa de pícaro y posó la mirada en mí y después a Scott y viceversa.

-Claro, lo que digas papá. -Dije bebiendo un poco de mi zumo de naranja, Scott se mantenió callado.

-Oh, ¡Eso es genial! -Sonrió mi madre dejando un plato de tortitas a Scott - Y raro, la verdad. - Frunció el ceño y dejó un plato para mi. Dios amaba estas tortitas.

Me quedé callada mientras mi padre y Scott intercambiaban información sobre deportes.

Después de una hora y una larga explicación de mi madre sobre donde estaban todas las cosas que necesitábamos se marcharon dejándonos a Scott y a mi solos y con una gran tarea que todo el mundo odia.

Limpiar.

-Si quieres, yo voy limpiando la parte de arriba y tu la de abajo, ¿te parece? - Pregunté, no sé como le seguía hablando. Imbécil.

-Lo que sea, Brooklyn. -Dijo en un tono seco, no podía deducir nads en su rostro, así que subí las escaleras para limpiar la parte de arriba. Empecé por la habitación de mis padres, hice la cama y pasé el aspirador. No sé por qué pero el tono seco con el que me había hablado Scott no me había gustado nada, era raro en él.

Abrí los cajones para limpiar el polvo, y grité. Me salió del alma, lo juro. Escuché como Scott subió las escaleras deprisa, parando en la puerta de la habitación de mis padres.

-¡¿ESTAS BIEN?! -Paró enfrente mía. Tenía el ceño fruncido, así que con mucho cuidado cogí el objeto sin querer tocar mucho de el. Cuando se lo enseñé empezó a reir como un poseso, a mi también me haría gracia si fueran de otros padres, pero son los mios lo que tienen esto.

-NO TE RÍAS, NO TIENE GRACIA. -Dejé el objeto donde lo había encontrado y cerré el cajón, Scott aún seguía riendo.

-POR DIOS, BROOKLYN, SOLO FUÉ UN CONSOLADOR. -Que dijera esa palabra en alto hizo que me estremeciera.

-Lo que tu digas, Scott, esto es repulsivo. -Dije señalando mi dedo índice a la boca, como si tuviera ganas de vomitar.

Siguió riéndose mientras bajaba a la planta baja, por lo menos me alegra que no estiviera tan rancio. Decidí salir de aquí, ya tenía bastante con lo que había visto.

Antes de que termine el verano.¡Lee esta historia GRATIS!