Parte 3

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La siguiente misión de Tatiana fue en solitario, y aunque Cristóbal no le dio más detalles al momento de encomendársela, ella tuvo igualmente la certeza de que estaba relacionada al gran plan mencionado por el hombre.

La joven aún no sabía qué pensar sobre eso. Y no porque sintiera algún tipo de remordimiento; al fin y al cabo, muchas muertes se habrían evitado a lo largo de la historia si ciertas personas en cargos de poder hubieran sido liquidadas a tiempo. Lo que le preocupaba a Tatiana era la importancia de la tarea. Por más que las consecuencias fueran positivas... ¿habría acaso alguna fuerza mayor que se opusiera, algo así como el destino? ¿Era en verdad posible que un grupo de personas como ella alteraran el curso de la humanidad sin pagar un precio, aunque tuvieran un líder con poderes sobrenaturales? Lo que estaban por hacer parecía muy arriesgado.

Tatiana movió la cabeza de un lado a otro y se concentró en su labor. De nuevo se hallaba en un país extranjero, pero el idioma sonaba diferente. Ella tampoco lo entendía. No le hacía falta, sin embargo, puesto que su misión era muy sencilla: poner al alcance de cierta persona unos documentos que Cristóbal le había dado antes de salir. Documentos robados de algún lugar importante, a juzgar por su aspecto.

Allí estaba la chica, caminando hacia el parque. Tenía menos de veinticinco años y parecía una típica intelectual universitaria, tal vez la editora del periódico estudiantil... o incluso una joven activista política. Había fuerza en sus pasos y su mirada.

Tatiana supo que la chica se detendría en el parque a descansar un momento, aprovechando ese lapso para hablar por teléfono. Por unos diez o quince segundos no estaría pendiente de su bolsa, depositada junto a ella en la banca de madera.

Todo sucedió tal como Tatiana lo había anticipado, y la joven se sentó también en la banca con un libro en su mano para disimular. Cuando la estudiante sacó su teléfono móvil y marcó un número, Tatiana retiró a su vez, disimuladamente, el sobre con los documentos desde su propia bolsa. Los pocos segundos de distracción de la muchacha fueron más que suficientes para que el sobre cambiara de dueño, y terminado su descanso, la estudiante siguió su camino hacia donde fuera que iba. Tarde o temprano hallaría el sobre y, aunque nunca sabría quién se lo había dado, daría crédito a la información en los papeles. Ella no era una pieza grande del plan... pero sí las personas a las que reenviaría los datos. Tatiana imaginó a la chica como una ruedecilla dentada en un mecanismo de relojería que ya estaba en marcha, moviendo sus agujas en forma lenta pero constante hacia las doce, la hora mágica.

Tatiana se levantó del banco... y sintió que alguien la observaba. Miró hacia todos lados esperando ver de nuevo al tipo de los ojos negros, pero en lugar de eso divisó a otro hombre que la miraba sin pestañear. Poco después él dio media vuelta y se alejó, y Tatiana, luego de un titubeo, lo siguió a paso rápido por un sendero que se internaba en la arboleda del parque.

Estaba fresco ahí, bajo la sombra negra de las coníferas, y la joven cruzó los brazos a fin de conservar el calor. El desconocido no parecía tener la intención de escapar de ella, puesto que cada tanto giraba un poco la cabeza hacia atrás como si pretendiera hacerle entender a la joven que podía escuchar sus pasos.

Lo que estaba haciendo era peligroso, se dijo ella. ¿Seguir a un desconocido hacia un lugar oscuro y solitario, considerando además la cuestión del hombre pálido en la selva? Sin embargo, no tenía miedo. Buscó en el fondo de su mente y de su corazón para encontrarlo, pero simplemente no estaba ahí. El desconocido sólo le despertaba curiosidad.

Había una curva en el sendero. El hombre desapareció detrás de ella a causa de los grandes troncos, y cuando Tatiana rebasó ese punto vio que él la estaba esperando con las manos en los bolsillos del pantalón. La joven se detuvo.

El tercer bandoRead this story for FREE!