C26

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Les recomiendo regresar al capítulo anterior para saber en qué íbamos. Me tardé 84 años...

CAÍN BENNET

Su presencia hacía que mi cabeza estuviese constantemente retumbando, no nos traía buenos recuerdos verla, menos en nuestro departamento nuevo, en donde suponíamos que nadie podría llegar.

— ¿Qué haces aquí? —Bajé el vidrio del auto antes de que el conserje levantara la barrera para dejarme entrar al condominio.

Corinna estaba sentada a un lado del conserje quien no la dejaba entrar, levantó su mirada chocando con la mía y rápidamente se puso de pie.

—Debemos hablar Caín —Respondió de inmediato. Sus ojos demostraban inseguridad, y la verdad es que poco me importaba hablar con ella, ya habíamos tenido suficiente.

—No, de hecho nosotros no tenemos nada de qué hablar —bajé la voz para que sólo ella y yo escucháramos.

—Es importante, Caín —bajó su voz igual que la mía.

La miré por unos segundos y luego miré al conserje que se veía más que sacado de quicio.

—Entrará junto a mí —me dirigí al hombre.

Él asintió un tanto confundido, Corinna rápidamente se subió al auto. Me mantuve en silencio hasta que me estacioné fuera del edificio, ella sólo me seguía casi corriendo por su altura, subimos en el ascensor en silencio y en cuanto abrí la puerta, choqué con la mirada de Cailín.

—Caín, Corinna vino y... —Comenzó, pero su mirada se detuvo en ella.

—Te dije que no entraras —La miró Cailín. — ¡Ya vete de aquí!

—Yo la dejé entrar —La detuve —Creo que realmente es importante.

Cailín respiró profundo, caminó en silencio y se sentó en el sofá.

—Pues habla rápido, no te quiero aquí todo el día —Le dijo Cailín de manera seca.

Corinna no tenía ninguna expresión en su rostro, se sentó en otro sofá y yo sólo pude mantenerme de pie para escucharla.

—Sé que Jaxon ha ido a la cárcel —comenzó. Mi pecho se apretó, pero ella continuó hablando —También Mike —bajó su voz.

— ¿De qué demonios hablas? —La miré.

—Mike no es el jefe que ha dicho ser —Confesó. —Él es sólo un peón, deben saberlo.

—Si sabes todo ¿Por qué no nos dices la verdad? —Le preguntó Cailín. —Hemos estado todos estos putos meses hundiéndonos y tú lo único que haces es decirnos cosas que no nos ayudan, Corinna.

—No puedo hacerlo, Cailín —Sus ojos se cristalizaron. —Pero quiero ayudarlos, porque sé de lo que él es capaz.

— ¿Y qué quieres que hagamos ahora? —Le pregunté.

—No vayas a la final mundial, Caín —Miró mis ojos.

— ¿De qué demonios hablas? —la interrogó Cailín. — ¿Qué está pasando? ¿Por qué te das tantas vueltas y no hablas de una maldita vez?

Miré a Cailín unos segundos y cuando Corinna iba a comenzar a hablar, la detuve.

— ¿Acaso el famosísimo jefe es un boxeador? —Alcé mis cejas.

Ella asintió con temor. —Pero no puedo decirles más, por favor, deben cuidarse. Sé que parezco una loca diciéndoles todo esto, pero realmente quiero ayudarles.

DECADENTES © #2¡Lee esta historia GRATIS!