Capitulo 26.

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Kat y Jen estaban esperándola en su habitación, con la chimenea encendida y cargada para mantenerla lo más cálida posible. Hicieron una reverencia no muy elegante ni adecuada ante la presencia de la Duquesa y la libraron de su carga, esperando que se marchara enseguida, pero la mujer solo se limitó a cerrar la puerta.

Lady Claire quien la había acompañado también se había quedado dentro.

Emmeline estaba demasiado aturdida, cansada y helada para pensar en cómo eso la hacía sentir.

—Está demasiado caliente —sollozó al poner un pie dentro de la bañera. Estaba desnuda, que le hubiesen quitado el vestido no había ayudado mucho, pero era un comienzo. El agua picaba en su piel y temía derretirse.

—No, usted está demasiado fría. Tiene que aguantar un poquito. Tiene que calentarse —explicó Jen, presionándola para que bajase mientras que Kat llenaba una vasija y echaba agua caliente en su cabello.

—Arde —chilló, pero ninguna de las dos cedería ante sus quejas.

—Déjeme quitarle esto —intentó la menor de las doncellas buscando el precinto de la cadena donde colgaba el anillo.

—¡No! —Gritó sujetándola con fuerza—. No la toques. No puedo quitarla, podría perderse y... —Negó con la cabeza y volvió a hundirse más en la bañera. Esas cosas valiosas no se arruinaban con un poco de agua, pero sí podían perderse. Era importante para Joseph, y no lo decepcionaría perdiendo una de sus pertenencias más preciadas—. Tengo tanto frío, ¿por qué no se va?

Lady Harsburn se acercó a la bañera y arrodilló junto a ella, para sorpresa de las doncellas que retrocedieron.

Emmie tenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada sobre las rodillas que mantenía flexionadas contra el torso.

—El agua se está enfriando ¿quieres salir y meterte en la cama? —Preguntó con suavidad y levantó la cabeza hacia las chicas—. Deberían traer más mantas para la cama.

—Enseguida, Excelencia —musitó Kat y se escabulló.

Emmeline contempló a la mujer rubia. ¿Sabría ella? ¿Joseph le habría contado algo? Si no, ¿por qué estaba siendo tan amable? Recordaba las cosas que los hermanos Whitemore le habían contado sobre la Duquesa, y estuvo de acuerdo en que no parecía una típica madrastra. Era una mamá.

Tampoco parecía una Duquesa. Las pocas que había conocido eran arrugadas, viejas y creían que el mundo les pertenecía.

Incluso su madre era más intimidante que esta señora que la había rescatado del drama del piso de abajo.

—¿Te sientes mejor?

—Tengo mucho frío, pero ahora siento mis pies.

—Eso es bueno —asintió—. Y veo que estás más tranquila también.

Un poco avergonzada, apretó los labios y se encogió. Vaya escándalo había montado. ¡Delante del Duque de Harsburn, nada menos! Seguramente pensaría que estaba loca.

—Tienes un colgante muy bonito —agregó con una sonrisa formándose en los labios.

La había descubierto. Clarisse tenía que saber a quién le pertenecía. Además, su expresión la delataba. ¡Lo sabía!

Y allí estaba ella, desnuda y encogida dentro de una bañera, cuando debería estar ataviada en sus mejores ropas para ser aceptada por esa mujer.

De pronto, todos sus problemas recientes se borraron. Parker, su hermano, su madre. Todo. Uno nuevo se instaló en su cabeza.

Estaba desnuda. Su espalda estaba descubierta y en ella, todas las horribles cicatrices y marcas. Ahora sí estaba perdida. Nadie aceptaría en su familia a una jovencita con esas horribles muestras de su pasado, ¿por qué querrían a una chica menos que perfecta? Los Whitemore eran importantes y poderosos. Algún día Joseph sería Duque y...

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!