ventiseis;

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—Kaminari-san, ¿estás bien?—La subdelegada se acercó al rubio, mirándole con cierta preocupación.

El rubio llevaba varios días con un aspecto horrible. Grandes ojeras, ojos rojos y el pelo despeinado entre otros cosas.

— ¿Sabes algo de Jirou?—murmuró él con la voz rota.

—No, lo siento.

El chico ahogó un grito dejándose caer sobre el escritorio. Ella ladeó la cabeza, juntando las manos y sin saber que decir para animar al alicaído rubio.

— ¿Por qué no vas a su casa, Kaminari?

Él levantó la mirada la escuchar la voz de Todoroki interviniendo en el dilema. Balbuceó algo similar a una palabra antes de soltar un gran suspiro.

—Pero no me coge el teléfono. ¿He hecho algo mal para haberle ahuyentado? Puede que se haya cambiado de número y tenga médico o algo...

Todoroki chasqueó la lengua, mirando de reojo a Yaoyorozu. Admiraba el optimismo de su compañero pero él no se imaginaba algo parecido después de tanto tiempo.

—Ve a su casa, es lo único que puedes hacer o acabarás peor.

—Todoroki-san tiene razón, Kaminari-san.

El rubio asintió recogiendo sus trastos y abandonando la clase rápidamente sin dudarlo dos veces.

—¿En serio no ha pensado en eso? —murmuró ella, entrelazando sus manos.

—Puede que no quiera afrontar la verdad pero no me puedo imaginar nada bueno de esto.

—Todoroki-san, no pienses así.

Él le miró de reojo antes de volver a su sitio. Yaoyorozu se quedó donde estaba, apoyando la mano sobre el pupitre de Jirou y rezando para que Kaminari volviera con ella.

Pero el de cabellos bicolores parecía tener razón.

De acero inolvidable; KamijirouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora