12: « Hola, Missy »

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12: « Hola, Missy »

Entendí la televisión y coloque el canal de las noticias, siempre era bueno saber que pasaba en el mundo. Me acurruque en el sofá, pero justo en ese momento, el timbre sonó por toda la casa. Me levante perezosamente, y camine hacia la puerta la cual abrí de un tirón, y me encontré a mi amiga, ¡oh, pero que agradable sorpresa!

—Hola, Missy —agite mi mano—. Al fin llegas.

—Lo sé, soy extrañable.

Missy Gagnon era una chica con la cual había estudiado en la secundaria. Fue y es mi amiga, y casi fue mi novia también, pero me di cuenta que no era para mí; todos me decían idiota por dejarla ya que era muy guapa. Siempre tuvimos una buena relación como amigos, además, es mi vecina, vive a cinco casas de la mía.

—¿Cómo estuvieron tus vacaciones en Hawaii?

—Todo bien —alzo sus dedos pulgares—. ¿Y voy a pasar o no?

Fruncí el ceño por sus palabras hasta que recordé que la tenía en la entrada. Ah, que tonto soy, se me había olvídalo. De inmediato, le di una sonrisa de disculpa y me hice a un lado.

—Lo siento, pasa.

—Siempre tan distraído.

Cuando entro, cerré la puerta y fuimos hacia el comedor para tomar un poco de café. Disfrutaba que ella viniera, siempre podríamos mantener una charla tranquila. Ambos nos sentamos con las tazas de café, y la conversación fluyo con normalidad. Missy me contó sobre sus vacaciones, mientras yo le conté que no había nada nuevo en mi vida —a excepción de Peyton, pero eso era un secreto.

¿Qué estará haciendo Peyton? Le envié un mensaje hace unas horas, y me contesto que tenía que hacer algunas tareas, y un proyecto para biología. Tuve que resistirme a enviarle más mensajes ya que no quería que desaprobara sus materias por mi culpa.

—¡Bieber, despierta! —grito Missy.

—¡¿Qué...?! ¿Por qué gritas?

—A ti te ocurre algo.

Negué con la cabeza a sus palabras y bebí mi café para intentar mantenerme tranquilo. Cada vez que alguien sospechaba de mí, me ponía nervioso. Missy se me quedo mirando unos segundos, como si estuviera... analizándome. Fueron minutos llenos de silencio, hasta que hablo:

—¿Y quién es ella?

Me atore con el café cuando ella hizo esa pregunta, tosí un poco fuerte hasta calmarme y la mire directamente a los ojos. Missy tenía una sonrisa traviesa, como si supiera ya toda la historia. }¡¿Acaso leía mentes?! Ojalá que no, porque ahora mismo estoy por salir corriendo a la cocina.

—No-o, no sé de que me hablas.

—Claro, amigo, lo que tú digas —contesto con sarcasmo.

—¡Digo la verdad! No sé que hablas, Missy.

InocenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora