Epílogo

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Un año después

—¿Cómo me veo? —Jo se miró de arriba abajo en el gran espejo de pie. Se sentía como una princesa de cuentos. Cenicienta.

Esperaba que el hechizo no se desvaneciera a medianoche.

—Te ves como alguien que está a punto de casarse. —Violeta llevaba puesto un largo vestido rojo con breteles finos y un tajo en la parte de atrás. Su peinado (un rodete con varios bucles sueltos) y el maquillaje, le daban un aspecto de femme fatal. Estaba irreconocible.

Jo suspiró y se arregló el tocado, compuesto de varias trenzas entrelazadas. Contempló el vestido, largo y ceñido al cuerpo, con un corsé lleno de perlas bordadas iguales a las que su madre le había puesto en el cabello.

—No puedo creer que esté a punto de casarme... —Tampoco podía creer que su primo la hubiera convencido de comprarse un vestido tan revelador. ¡¿En qué estaba pensando?!

Dante va a infartarse cuando te lo vea puesto le había dicho él.

Ah. Sí. Ya recordaba en qué pensaba.

—¡Qué emocionante! —Su amiga saltó de la alegría—. Espero atrapar el ramo.

—¡Sí! ¡Sería genial! —Joanna saltó también. Se detuvo antes de despeinarse—. No veo la hora de que por fin le eches el lazo a Evan.

—Será mío muy, muy pronto. —Violeta rió maléficamente.

—Querida, te ves hermosa. —Sonia entró a ver a su hija. Las encontró abrazadas frente al espejo—. Tú también, Viole. ¿Estás usando maquillaje?

La dama de honor dijo que sí, con una sonrisa, y las dejó solas.

—¿Cómo te sientes, Jo?

—Feliz. Y muerta de los nervios. ¿Qué tal si Dante se escapa antes de la ceremonia?

—Relájate. No creo que te vaya a dejar plantada. Acabo de cruzarme con él y parece mucho más nervioso que tú. Estaba hablando solo —Sonia rió—. Evan ha ido a tranquilizarlo un poco.

—¿Evan? —¿Tranquilizarlo?

—No te preocupes, cariño. Todo saldrá bien. Ese chico adora el suelo que pisas. Parece que viviera únicamente por ti. Nunca vi a nadie tan enamorado. Además, es un ángel.

Joanna se atragantó.

Sonia continuó:

—Parece que hubieran estado juntos toda la vida. ¿De veras se conocen desde hace un año, nada más? —Jo asintió—. Cuando me lo presentaste, sentí que incluso Evan y tu abuelo lo conocían.

Qué intuitiva.

—Sí, qué extraño, ¿no? —Jo miró hacia otra parte, con disimulo.

—Mejor me voy a atender a los invitados. —Le dio un beso a su hija—. ¿Estarás bien sin mí?

—Ajá. —La radiante novia temblaba de pies a cabeza—. No te preocupes.

Cuando su madre salió, se desplomó en el sillón y comenzó a hiperventilar.

—Me caso. Hoy me caso con Dante —El cuarto entero daba vueltas.

¿Me parece a mí, o estás peor que cuando Oxana trató de matarte? —Jofiel apareció frente a ella, con cara de preocupación.

—No te parece.

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!