Contigo

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Lo peor no es cuando me preguntan si me imagino una vida contigo. Lo peor es que lo hago, que lo planeo constantemente.

Que me imagino un rincón en la entrada de la casa con tus llaves y las mías, y con la correa de un perro colgando de la pared. Y te imagino haciéndote la remolona en el sofá cuando está frío y hay que bajarlo, y todos tus chantajes para que lo haga yo.

Imagino las discusiones por el mando a distancia, el olor de la cena en el horno, tu cara de sueño cada mañana. Puedo ver mi imagen por detrás de la tuya en el espejo mientras te cepillas los dientes, tus camisetas al lado de las mías en el tendal, tu sonrisa cuando llegas de trabajar y te digo que ya tengo una peli preparada para que te duermas mientras la vemos. Cómo te quejas de que te duelen las piernas hasta que me canso de hacerme la dura y te doy un masaje. Puedo escucharte tararear en la ducha, cada una de las broncas que me caerían por dejar la ropa tirada por la habitación, y tu risa al otro lado del pasillo cuando lío alguna de las mías intentando darte una sorpresa.

Imagino un calendario con los festivos y las vacaciones marcadas con un rotulador rojo, un postit en la nevera con la lista de la compra en la que nunca faltaría chocolate, y la nota de buenos días que te dejaría en la almohada cuando me tuviera que ir antes de que te despertaras. Puedo sentir los besos de buenas noches, las caricias viendo la televisión y el calor de tu cuerpo en las sábanas. Veo las comidas de domingo en casa de tus padres, me veo jugando con todos tus primos, con tus sobrinos, y si se trata de meter niños en el cuento se me ocurren un par de nombres que ponerle a los nuestros. Te veo tomando el sol en verano en el jardín de mi casa del pueblo, sacando planos de internet para hacer una piscina, invitando a tus amigos a una barbacoa, riéndote de mi porque no sé encenderla, abrazándome por detrás y dándome un beso en la mejilla cuando quiero estar sola.

Te imagino escuchándome en silencio cuando me agobio por tonterías, enfadándote, desenfadándote, enfadándome y con esa carita que pones cuando te vengo pidiendo perdón por ser una cabezota. Imagino tus ojos brillando cuando vienes corriendo hacia mí para que te aconseje o porque necesitas sacar en palabras todas las nubes de tu cabeza. Tengo en la retina las fotos que habrá en el salón y la del cabecero de la cama. Te adelanto que es un paisaje y que puede contar mil historias que nos contamos en él. Puedo ver hasta de qué color vas a pintar cada pared, y cómo me vas a salpicar de pintura mientras lo hacemos. Cómo vas a jugar con mi pelo mientras te aburres, cómo te voy a cuidar cuando te encuentres mal y tu cara de no saber qué hacer pero no querer dejarme sola cuando tengo un problema.

Veo también una chimenea frente a la que pasar las tardes de los domingos en invierno, y una ventana bien grande por la que entre la luz en verano, el olor de las hojas húmedas en otoño y de las flores en primavera. Desde la que poder mirar las gotas de lluvia deslizarse por el cristal mientras te abrazo fuerte, aunque, claro, no sé abrazarte flojo. Y te puedo notar poniéndote de puntillas cuando lo hago. Te imagino mirándome a los ojos antes de jugártela a una carta, esperando siempre esa mano en tu espalda que te diga que no te vas a caer. Y me imagino tirada en la alfombra contigo cuando me da igual que me aplaste el mundo mientras sepa que tú puedes sujetarlo. Una nevera con cerveza y Coca-Cola, un armario con colacao y café, una cómoda con tus cajones ordenados y los míos hechos un desastre.

Puedo imaginarte con mi chaqueta favorita puesta otra vez, la que me compré para que te gustara y te queda mucho mejor a ti. Me imagino tu sonrisa ruborizada cuando te llamo fea porque sabes que para mí eres la más guapa. Y no sólo eso, sino que eres la niña más valiente del mundo, y me imagino contagiándome de tu valor el resto de mi vida. Despertándome en medio de la noche si noto que tienes una pesadilla y metiéndome en tus sueños para matar todos los monstruos que no te dejan dormir.

Me imagino contigo, viviendo contigo, disfrutando contigo, discutiendo contigo, saliendo de mil baches contigo, aprendiendo un montón de cosas nuevas contigo, enseñándote a sobrevivir, a compartir, a ser feliz con poco, a ver lo bonito en las pequeñas cosas, a pensar en grande, a no tener límites. Contigo. Porque todo lo que viví sin ti sólo me sirvió para echarte de menos. Y puede que nunca se cumpla, o puede que sí, no lo sé. Puede que nuestro futuro sea igual que nuestro presente, y, ¿sabes qué? Me puede valer. Pero siempre que me pregunten si me imagino contigo dentro de equis tiempo quiero que recuerdes que sí, con todo esto, y seguro que con mucho más. Y no me arrepiento de desearlo con todas mis fuerzas, porque sé que si se cumple vas a ser igual de feliz que yo: conmigo.

ContigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora