El amor de mamá.

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Sakura era una llorona.

Papá había conseguido tener ojeras por la largas noches en la cuales debía calmar a la niña que no hacía más que llorar.

Ella parecía estar bien, la mujer de saco blanco dijo que a pesar de ser una niña “prematura”, estaba totalmente recuperada y podría llevar una vida normal.

¿Entonces por qué lloraba?

¿Qué necesitaba para callarse?

Lo más molesto era que el llanto se contagiaba, algo así cuando una persona bosteza frente a ti y tú copias la acción inconscientemente.

Intentaba cubrir mis oídos, pero el llanto pasaba esa débil barrera, recordaba como yo también lloraba tras perder a mamá.

Esa dolorosa voz deseando que volviera.

Pero qué se puede hacer, tú te la llevaste.

• • •

Resultaba gracioso que solo se callara durante el día, dormía plácidamente dentro de su cuna cansada de gastar su voz por horas.

Papá hacia un esfuerzo sobre-humano en levantarse temprano y acompañarme al colegio, a la vez preparaba mi almuerzo y hacía los quehaceres de la casa.

Papá tenía los ojos muertos, más intentaba sonreír, por eso tuve que crecer rápido.

Sakura tardaría en crecer, y en ese tiempo quizás papá también se desmoronaría.

Necesitaba crecer rápido, sino el también desaparecería.

—Mañana iré solo a clases—Dije un día antes de iniciar primaria.

Papá pareció disculparse con la mirada, pero no te preocupes papá, no es tu culpa. No es tu culpa.

• • •

Pasaron meses, Sakura no dejaba de llorar.

Aquella noche papá llamó disculpándose por no poder llegar a tiempo, su trabajo no le permitiría.

Esa vez le dije que estaría bien, que podía cuidarme por mi mismo, aunque fuera una mentira pues aún no aprendía a cocinar algo simple.

—Cuida de Sakura.

¿Acaso no podía cuidarse ella misma?

Entré a la habitación de la niña—era la primera vez que entraba pues nunca hice contacto alguno con ella—, las paredes eran rosas y tenían estampados de flores, pero alrededor toso estaba vacío a excepción de la cuna que estaba en medio.

Quizás mamá no tuvo tiempo para llenar esta habitación de peluches como había hecho con la mía, esa era una rara manía suya. Le gustaban las cosas adorables.

Sakura dormía, hace mucho tiempo que no la veía de cerca, le había crecido el cabello el cuál era de mismo tono de papá, sus mejillas eran rosadas y de seguro esponjosas—algo que no comprobaría por mi cuenta—.

Al ver que no había nada que hacer volví unos pasos hacia la puerta y el débil chirrido del piso de madera la despertó, me coloqué de cuclillas por instinto y cubrí mis oídos.

—Por favor no llores.

Creo que me entendió.

Volvía hacia ella, ahora se podía ver con claridad sus ojos, era verdes, de un verde brillante al igual que mamá.

Esa vez yo lloré, y a diferencia mía, Sakura pareció escuchar mi llanto.

• • •

—Profesora, ¿Qué es cuidar de alguien?—Pregunté en medio de la clase, aunque no era una pregunta adecuada par el tema aquella duda rondaba por mi mente hace un tiempo.

—Pues...—Estaba seguro que era el primer niño que le hacia esa clase de preguntas—Dependiendo de la situación, es tratar bien y respetar a alguien querido.

—¿Y si no puedo querer a esa persona?

—Entonces debes aprender a quererla.

¿Eso era posible en primer lugar?

Habían pasado algunos meses y Sakura no había llorado desde aquella vez, lo cuál fue un alivio para papá, pero yo pasaba las noches sin dormir.

Dando vuelta en la cama intentando crear una excusa en mi mente sobre la muerte de mamá; pues si quería aprender a querer a Sakura alguien más debía tener la culpa por la cual mamá despareció.

Pero no encontraba nada.

Entonces tuve la necesidad de ojear mi antiguo libro de cuentos, aquél que quería terminar cuando antes para no tener nada con lo que recordar a mamá.

Y al leer el último capítulos con el gran “The End” escrito al final, noté el extraño texto escrito en la cubierta final.

La letra era hermosa, con estilo cursiva y corrida representaba una bella obra de arte, me quedé admirándola un rato viendo si se trataba de un crédito final de autor más cuando inicié la lectura me sorprendí al ver mi nombre escrito.

Touya, ¿Cuánto amor puede recibir una persona?, quizás demasiado o algunas veces nada.

Sabía que pronto me iría, siempre fui débil, por eso intente ofrecer todo mi amor a papá y ti.

Aunque sé que no fue suficiente, por eso perdóname.

Antes de irme quería dejarte a alguien a quién poder amar, aunque eso me matara.

Lamento si estoy dejando una gran carga sobre ti más deseo que te encargues de ella.

Sakura llegó a este mundo sin tener la oportunidad de conocer a su madre, mi mayor deseo ahora quizás sea mimarla demasiado, pero no tendré oportunidad de aquello.

Quiero que ambos sean felices, por eso, si quieres echarle la culpa a alguien, yo seré la culpable.

Yo fui la que se marchó sin pedirle permiso a nadie.
Me fui sin siquiera pensarlo dos veces.

Por eso, como única petición, ama a Sakura. Ahora es tu hermanita.

Cuídala bien”
—Mamá.

No madre, el único culpable fui yo, él que no consideró los sentimientos del resto.

• • •

Descubrí algo, que los ojos de Sakura eran aún más brillantes cuando sonríe.

En algún punto de nuestra vida comencé a perseguirla con la mirada, me preocupaba que se alejara y comenzara a llorar nuevo, aunque solía hacerlo a menudo porque era una miedosa—pero eso era por mi culpa y mi obsesivo pasatiempo de atormentarla con historias de terror—, aunque no volvió a llorar por la falta de amor.

Papá era un hombre cariñoso, cuando crecimos tuvo la oportunidad de pasar más tiempo con nosotros cuando se transfirió de universidad—él es un profesor—.

Aunque la rutina siempre fue cansada, el amor volvió a florecer.

Papá y yo comenzamos a mimar a Sakura, en especial yo, por ende crecí teniendo un complejo de hermano y no sería capaz de cambiarlo.

Pues ahora Sakura era el amor que quedaba de mamá, como si de un gran árbol de cerezo se le quitara una rama y se volviera a plantar para que diera nuevamente fruto.

Como un pequeño cerezo.





🌸 🌸 🌸

;u; Terminado.
Gracias por leer~
Adiós~.

【SCC】Pequeño Cerezo¡Lee esta historia GRATIS!