Parte 1

282 17 9

¿Que si había sido un pésimo cumpleaños? El peor de todos.
La morena iba caminando por un parque de su ciudad, con un cigarrillo en sus labios y la vista fija en el cesped que pisaba. Era una tarde bastante soleada y sabía que algunas miradas se desviaban a ella porque a pesar de la temperatura iba vestida con una chaqueta de cuero negra. En realidad toda su vestimenta era negra y probablemente normal en una tarde de otoño algo fría, pero no para una tarde tan soleada como aquella.

Hace ya unos días que había sido su cumpleaños número veinte, en el que tuvo dos opciones, ver dormir a sus padres o salir a pasear fingiendo que vería a amigas. Y por algo de respeto propio optó por la segunda opción. Había estado horas caminando por ese mismo parque con una cajetilla de cigarrillos en su mano, hace años no fumaba, pero se sentía tan abatida que terminó cayendo en la tentación nuevamente, recordando la frase de un libro "Ustedes fuman por placer, yo fumo para morir". Hace poco y por una chica había perdido a sus mejores amigos y de los pocos que le quedaban, casi no la habían saludado, sus padres técnicamente la habían ignorado y ningún mensaje de sus hermanos. La verdad no había  notado lo importante que era para ella un cumpleaños, hasta que se sintió completamente sola y olvidada en el suyo.

O quizás no sería tan terrible de no ser por Costia, aquella pelirroja había sido la causante de los problemas con sus amigos, con su expresión inocente y encantadora logró conquistar a la morena, al inicio no fue más que pena, sentía que a la pelirroja le hacía falta compañía y se fue acercando a ella, hasta que se dio cuenta que la chica era quien le hacía compañía a la morena, por el simple hecho de que la tenía a su merced. Pero en cuanto consiguió a otra, la morena quedó en el olvido absoluto, sola y con el corazón destrozado. Sin tener a quien acudir.

Pero debería estar acostumbrada, ¿No? No era primera vez que le pasaba algo así, vaya gusto que tenía.
Era bastante atractiva y lo sabía, muchas chicas mostraban interés en ella, no solo por su apariencia, su personalidad resultaba encantadora también, pero era tan boba que siempre escogía a la incorrecta. "Ay, Lexa, cuando aprenderás" podía escuchar la voz de su amiga Octavia resonando en su cabeza y hasta podía imaginar su expresión de pena. La pobre chica fue testigo de todos sus fracasos amorosos y le advirtió de todos y cada uno de ellos con antelación, pero por pura terquedad la ojiverde hizo caso omiso de todas sus advertencias.

Hace un año que Octavia se había mudado a otra ciudad y su único contacto era por teléfono, pero no podía llamarla en ese momento porque la muchacha dos años menor que ella se encontraba en clases, estudiando veterinaria como siempre había sido su sueño. Así que lo único que le quedaba era el cigarrillo que tenía entre sus dedos y que cada cierto tiempo llevaba a sus labios buscando desesperadamente en cada calada sacar algo de tristeza de su cuerpo.

Le daba miedo pensar lo mucho que le afectaban esas cosas, lo difícil que era fingir que todo estaba bien, y lo imposible que parecía que realmente algo fuera a estar bien en el futuro. Le daba miedo pensar lo que podría llegar a pasar con ella.


Optó por sentarse en unas bancas del parque y vio la hora en su teléfono, últimamente solo para eso servía. Llevaba recién una hora y veinticinco minutos, sus padres creían que estaba con amigas así que aún le quedaban varias horas más de paseo. El año más aburrido de su vida, estaba lamentando horriblemente haber congelado su carrera de periodismo, pero bueno la economía en su familia no andaba nada bien así que no fue una elección precisamente.
Luego de un tiempo se dio cuenta que esa fue otra razón para que Costia se aburriera de ella, se había convertido en una don nadie sin futuro. ¿Por qué seguía extrañandole la actitud de Costia? Bastaba con verla para comprenderlo todo.

Bufó regañandose mentalmente por dejar que la pelirroja se apoderara de su mente de esa forma, ¿Cómo podía ser tan estúpida? Pasó sus manos por su pelo y luego buscó la cajetilla en sus bolsillos sacando otro cigarrillo, el tercero de esa tarde. Lo acomodó entre sus labios y mientras buscaba el encendedor en el desastre de su mochila una voz llamó su atención.
—Si sigues fumando así no llegarás ni a los treinta— Sonaba totalmente despreocupada, y cuando volteó solo pudo ver una maraña de pelo rubio porque su rostro estaba cubierto casi por completo por una gran cámara profesional enfocando a algo frente a ellas, así que solo podía ver parte de su perfil. ¿En qué momento la rubia se había sentado ahí? ¿Y a qué precisamente estaba tomándole fotos? ¿Sería acaso una especie de acosadora? —No es que me importe en realidad, solo quería llamar tu atención para que compartieras conmigo— Volvió a hablar la desconocida antes que la ojiverde pudiera reaccionar. Pudo ver una pequeña sonrisa en su perfil, parecía muy concentrada enfocando con su cámara a algo, pero siendo sincera, Lexa no podía ver nada que fuera tan interesante.
Revisó su cajetilla y además del cigarrillo que tenía en sus labios quedaba solo uno, así que dejó la pequeña caja junto a su acompañante sacando el que tenia en sus labios para poder hablar.
—Tienes suerte, es el último— Dijo la ojiverde al fin y recordando que tenía su encendedor en la chaqueta lo sacó y encendió su cigarrillo sintiendo el alivió cuando el humo entró a ella. Sintió movimiento a su lado así que le extendió el objeto para que la chica encendiera el suyo, pero sin molestarse en mirarla, no quería parecer acosadora y para ser sincera, no estaba interesada en conocer a nadie, en la primera oportunidad que tuviera usaría una excusa para cambiar de banca.
Por suerte esto no fue necesario, porque al cabo de unos segundos la rubia se puso de pie —Gracias, ojitos verdes, lamentablemente debo irme. Nos vemos por ahí— Dicho esto le hizo una seña con su mano, que la morena respondió igual y se marchó, dejando tras ella una mezcla de aroma dulce y humo de cigarro. Observó la figura de la muchacha mientras se alejaba de ella con su gran trasero tambaleandose con seguridad y su encendedor en la mano. Rayos, ahora tendría que comprar otro. Rubia ladrona.

Sorpresas (Clexa AU) ¡Lee esta historia GRATIS!