Aléjate de lo que es mío

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Todo era culpa de Magnus, él le había hablado sobre los sentimientos que tenía hacía su novato. Por eso había sucedido todo en primer lugar y tal vez por eso estaban hablando como viejas chismosas mientras tomaban alcohol y sangre respectivamente.

—Hace aproximadamente una semana me acosté accidentalmente con Simon—confeso ya un poco pasado de copas, apenas empezaba a sentir el efecto, nada grave como Magnus.

Hubo una pausa algo inesperada del brujo. Eso no sabía cómo tomarlo.

—¿En serio?—no entendía el hecho de decir que fue un accidente cuando Raphael babeaba por Sheldon.

—Sí.—parecía que ni él entendía el punto.

—Dormiste accidentalmente con Simon—repitió con calma como intentando encontrar una forma de acostarse con alguien accidentalmente.

—Mi novato.

Hablo como sí todavía fuera él polluelo ya que pensaba que no lo estaba ubicando.

—¿Accidentalmente?—en su voz había incredulidad, nadie tenía sexo por accidente.

—Sí Magnus.

—No entiendo—la duda por fin se deslizó de sus labios—¿Tropezaste con algo?—dio un largo trago intentando borrar los pensamientos tontos.

Tuvo que explicarle cómo sucedió todo y recibió más regaños por dejar ir al chico que por enredarse con su novato. Llegó al Hotel y lo primero que encontró al entrar es a esa pelirroja con él chico, su chico.

Estaba celoso y podía asegurar que esa palabra se quedaba realmente corta. Ese cabello marrón oscuro moviéndose mientras reía, esos ojos marrones brillando como nunca, después de días encerrado en el Hotel Dumort con él era claro que ver a otras personas le parecería más divertido. Pero el sólo hecho de pensar que alguien podría hacer reír de aquella manera tan estruendosa a Simón le hacía rabiar, más de lo que siempre parecía estar.

—Entonces Jace grito algo de los patos gobernando el mundo—Clarissa le relataba una nueva historia que había tenido lugar hace pocos días con su pareja.

Simón comenzó a reír ante el miedo irracional del rubio con los patos. No entendía porque le resultaban tan aterradores aquellos seres tan inofensivos.

—Es hora de que te vayas cazadora de sombras—le gruñó mostrando los colmillos. Estaba demasiado cerca del chico para su gusto.

—Ya se va Raphael—la suave voz de Simón le hizo cruzarse de brazos.

Estaba esperando que esa hija del ángel se vaya de su casa. Suficiente tenía con la chica lobo rondando a Lewis como un cachorrito.

—Raphael no seas pesado—Clary intento bromear con él serio vampiro—Simon me contaba de su nuevo enamoramiento.

Aquella confesión le cayó encima como un balde de agua fría. Aunque era un vampiro y no lo sentiría, pero la sensación de vacío que le recorría el cuerpo era comparada con el agua helada que alguna vez sintió siendo humano.

—Es mejor que te vayas hija del ángel—su mirada sería y su voz fría les hizo temblar.

—Adiós Raphael—la guío por los pasillos con calma hasta la entrada.

Se fue a su cuarto realmente enojado. Esa chica llegaba a su casa hablando de Simón como sí supiera algo que él no. Claro que habían empezado con su amistad todo por las cosas mundanas que le gustaban al menor. Porque le había recomendado buenos libros como los de Harry Potter. Buenas series como las de Star Wars. Se tiró a la cama resignado, ese chico se estaba metiendo hasta el fondo de su cabeza. Cada maldito pensamiento que tenía al día era sobre él menor.

—Te maldigo bebé—el apodo sonaba personal. Pero era así, era él polluelo, él bebé nuevo del clan.

Cerro los ojos con fuerza. Debería estar durmiendo en lugar de pensar en esos labios rojo pálido, esas mejillas con algo de color ahora, ese cabello marrón oscuro que se veía muy bien peinado hacia atrás y esos ojos color marrón brillar ante las nuevas emociones que le rodeaban.

Se quedó en la puerta hablando con la chica que era como su hermana. Él le pregunto sobre que opinaba de Raphael, ya que al ser su entrenador un sentimiento le llenaba el pecho cada que pasaban tiempo juntos. Clary se lo estaba describiendo como un chico joven, ciertamente lo era, no muy alto, con cabello de gruesos rizos oscuros que se derraman sobre su frente y piel morena del color de la miel, con grandes ojos oscuros y una cadena dorada con una cruz alrededor del cuello, que al ser un vampiro le ha dejado una cicatriz en la base de su garganta. Aún no entendía como podía llevarla y sabía que sí preguntaba su respuesta nunca llegaría.

—La verdad es un chico guapo de apariencia angelical—le tomo del antebrazo para darle un beso en la mejilla en  despedida—como un niño del coro de la iglesia, cosa que desmiente su forma de ser.

Y con eso se despidió de él. Ya lo sabía, todo eso lo sabía, hasta como sus rizos enmarcaban su bello rostro, esa piel color de miel le hacía sentir ganas de rozarla aunque sea un instante al tomarse de la mano. Pero debía opacar sus deseos, era su jefe no podía pensar de aquella forma.

—Oye Polluelo—la voz suave algo ronca de uno de los vampiros del clan lo saco de sus pensamientos—Raphael te está buscando. Se encuentra en su habitación.

Camino por los pasillos intentando calmar su muerto corazón. Necesitaba respirar con calma, podría asegurar que su corazón se saldría de su pecho sí aún latiera. Camino por los oscuros pasillos hasta el cuarto de su jefe. Toco un par de veces y al no obtener respuesta entró al cuarto, no solía ser descortés pero se imaginaba que era algo urgente sí no le contestaba al llamar.

Y lo que encontró cuando llegó al cuarto no fue un regaño, ni gritos, fueron los labios de Raphael contra los suyos en un beso posesivo, celoso, rudo pero en especial amoroso. Por que esa era su forma de besarlo, de entregarse. Estaba reclamandolo como suyo y no era nada que le molestará.

—Eres mío—murmuro sobre sus labios antes de devolver a besarlo hasta quedarse sin aire, aunque no les hacía falta.

Primera historia Saphael. Espero que disfruten :v intento no llorar al no encontrar más material de esta pareja en cuanto historias. Disfruten.

Todo es culpa de Magnus Bane¡Lee esta historia GRATIS!