ENERO (parte 2)

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Mi último error fue lo que podríamos llamar la gota que colmó el vaso, y la razón por la que acabé convencida de que el amor verdadero es algo que se han inventado las empresas de tarjetas de felicitación y las personas que escriben novelas y comedias románticas. Se llamaba Blaine, pero debería haberse llamado Lucifer. Era un hombre de negocios con mucha labia. Lo de hombre de negocios es un decir. En realidad era un usurero. El mismo usurero que le prestó a mi padre más dinero del que jamás podría devolverle.

Primero se volvió contra mí, y después contra mi padre.En su momento pensaba que nuestro amor era una historia típica de los cuentos de hadas. Blaine me prometió la luna, pero hizo de mi vida un infierno.

-Por eso creo que deberías aceptar el trabajo que te ofrece tu tía y ya está.

Mi mejor amiga, Ginelle, hizo estallar la pompa de su chicle de forma sonora en el auricular. Me aparté el teléfono de la oreja.

-Es la única salida, Sofia. ¿Cómo, si no, vas a sacar a tu padre de este lío con Blaine y sus matones?

Bebí un trago de agua fría mientras el sol californiano transformaba las gotas en pequeños puntos de luz sobre la botella estriada.

-No sé qué hacer, Gin. No tengo ese dinero. No tengo nada ahorrado. -Suspiré con frustración, y sonó fuerte y dramáticamente exagerado incluso para mí.

-Oye, tú siempre has estado enamorada del amor Sofia...

-¡Ya no! -le recordé a mi amiga de toda la vida.A través del teléfono se oía el bullicio de Las Vegas. La gente creía que el desierto era un lugar tranquilo. No en la Franja. Las máquinas tragaperras tintineaban y los timbres sonaban como un sonsonete monótono allá adonde fueras. Era imposible huir de él.

-Ya, ya. -Rozó el teléfono con algo y casi me deja sorda-. Pero a ti te gusta el sexo, ¿verdad?

-Yo no soy como Barbie, Gin. Las matemáticas no son difíciles. No me hagas preguntas absurdas. Podría acabar muerta.En realidad, si no encontraba pronto la manera de conseguir un millón de dólares,sería mi padre el que acabaría muerto.

Ginelle gruñó e hizo explotar otra pompa.

-Pero si aceptaras el trabajo de escort, lo único que tendrías que hacer es estar guapa y follar mucho, ¿no? Hace meses que no echas un polvo. ¿Por qué no relajarse y disfrutar de la experiencia?

Sólo Ginelle podría encontrar la manera de hacer que ser acompañante de lujo pareciese el trabajo ideal.

-Esto no es Pretty Woman, y yo no soy Julia Roberts, le dije. Me dirigí a mi moto, una Suzuki GSXR 600 a la que simplemente llamaba Suzi. Era la única cosa de valor que poseía. Pasé una pierna por encima del asiento,coloqué el teléfono de forma que no se cayera y puse el altavoz. Dividí mi pesada melena negra, larga y rizada en tres partes y me hice una trenza gruesa.-Oye, sé que lo dices con buena intención, y la verdad es que no sé qué voy a hacer. No soy una fulana. O, por lo menos, no quiero serlo. -Sólo de pensarlo, me daban escalofríos-. Pero debo encontrar la manera de salir de ésta como sea. Tengo que conseguir pasta, y rápido.

-Ya... Bueno, ya me contarás cómo va la reunión con Exquisite Escorts. Llámame esta noche si puedes. Joder, voy a llegar tarde al ensayo, y todavía tengo que vestirme.

-Su voz se volvió agitada y pude imaginármela corriendo apresuradamente por el pasillo del casino en dirección al trabajo, con el móvil pegado a la oreja y sin importarle una mierda si alguien la miraba o pensaba que era una pirada. Eso era lo que la hacía tan especial. Decía las cosas como son... siempre.Igual que yo

El Calendario de SofiaWhere stories live. Discover now