Capitulo 25.

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Emmeline corrió y corrió. Su único objetivo era alejarse lo más posible de su hermano. No pensó en un destino en concreto, solo siguió el camino de los pasillos, y ni siquiera se detuvo cuando la cocinera le advirtió que no era una buena idea salir al jardín.

Su cabello comenzó a mojarse junto con su vestido, y lo ignoró. Optó por desentenderse de todo mientras seguía corriendo lo más rápido que aquel molesto vestido le permitía.

Esa tarde Sebastian había decidido dedicar su tiempo al trabajo. Con Beth en los últimos meses de embarazo, la llegada de las visitas y la falta del señor de la casa, se había alejado de sus responsabilidades. Y el trabajo tendía a acumularse. No era que le preocupase que a Joseph le molestara, porque las cosas importantes no quedaban totalmente desatendidas, pero se tomaba lo bastante enserio sus obligaciones como para que ese día, se hubiese encerrado cinco horas entre montañas de cartas, papeles y libros.

—¿Cariño? —Elizabeth se asomó por la puerta y luego entró antes de que le contestara.

—¿Estás bien? —Fue lo único que pudo preguntar al ver su semblante preocupado—. Deberías estar acostada, Beth. Estás muy pálida.

—No es por eso. Es que... Emmeline ha desaparecido, la hemos buscado por todos lados y hace un rato, cuando la cocinera se enteró que no podíamos hallarla, dijo que la había visto salir hacia el jardín. Hace unas tres horas.

Sebastian se puso de pie.

—Está lloviendo hace más de tres horas. ¿Cómo es posible que haya salido por tanto tiempo?

—Creo que ella y Francis discutieron.

El rubio cerró los ojos. Era algo que debería de haberse previsto, en algún momento chocarían si el Conde seguía tratando de imponerle un esposo que no deseaba. Emmeline no aceptaría una orden como esa tan fácilmente.

—Iré a buscarla, si fue caminando, no puede haber llegado muy lejos.

—Francis ha mandado a que preparen los caballos. Pensaba ir solo, pero creí que dado que tú conoces mejor todo, serías de ayuda. Está muy frío afuera, sin contar que debe estar mojada. Mientras antes la encuentren...

—Lo sé, Beth. Lo sé. La traeremos de vuelta, no te preocupes. Tú quédate adentro, no quiero que ni siquiera asomes la nariz afuera ¿de acuerdo?

Ella sonrió y suspiró feliz a pesar de la preocupación. Nunca dejaría de pensar que no podría haber encontrado un mejor esposo que Sebastian. Todas las habladurías y demás a lo que se había enfrentado al casarse con un hombre de su posición valían la pena y volvería a soportar todo mil veces más. Las personas deberían de saber que el amor era más importante que el dinero o un título.

—Ya no sé a quién voy a estrangular primero —refunfuñó Francis debajo de la lluvia, por suerte, ahora no era más que una fina llovizna, pero no por eso dejaba de ser helada y empaparlos hasta los huesos—. ¿Qué le pasó a mi hermana?

—Ella tiene que estar cerca. Caminando no puede haber ido muy lejos.

—Eso no es a lo que me refiero —bufó apretando los puños alrededor de las riendas del caballo—. Ella no parece la misma. Desde que llegamos la he notado diferente, pero hoy... —Negó con la cabeza—. Siempre ha sido testaruda. Pero nunca estúpida.

—Emmeline no es estúpida —replicó Sebastian—. Deberías darle una oportunidad, no sé lo que ocurrió entre ambos, pero hemos pasado todos estos meses con ella y jamás ha actuado de esta forma.

Soltando una risa amarga y seca, el Conde se giró para mirarlo.

—Gracias a Dios, no creo que Thornehill hubiera estado muy contento buscando a una niña caprichosa en un día tan helado y debajo de la lluvia.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!