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—¡Una pluma blanca! —Se estremeció Dante.

Aquella brillaba con gran intensidad entre las plumas negras.

¿Cómo había aparecido? Ninguno de ellos podía entenderlo.

Jofiel sonrió:

—Como lo esperaba. Amigo... —Le palmeó la espalda—. ¡Te estás convirtiendo en ángel!

—No.

—¡Sí! ¿Qué? ¿No te gusta? Seremos como hermanos. ¡Ningún ser maligno se atreverá a molestarnos! Creí que estarías feliz.

El demonio no tenía muy buena cara. Al contrario, parecía triste.

Después de un rato, Jofiel entendió; y cerró las alas.

—Oh.

Joanna estaba fuera de la conversación, cosa que no le gustaba. Tenía el ceño fruncido y su mirada oscilaba entre uno y otro, intentando comprender a Dante.

—¿Podría alguno de ustedes, si es tan amable, explicarme lo que pasa? He perdido el hilo. ¡Yo creí que ser ángel era algo bueno!

—Lo es —le contestó Dante. El tono de su voz era apagado.

—¿Si es bueno, por qué no te alegras? —inquirió ella. No me gusta verte triste. —.Lo tomó de las manos; no estaban ni frías ni calientes. Sintió un cosquilleo en los dedos.

—Es que... si soy un ángel, ya no podré estar contigo. —Bajó la cabeza—. Nunca más.

Ella se alarmó.

—¿Es cierto eso, Jof? —preguntó.

El ángel levantó las palmas de sus manos con resignación:

—Reglas son reglas. Lo siento.

Joanna hizo un mohín.

—No te preocupes, Jo. —Dante la abrazó con fuerza, haciéndola sentir protegida de todo mal—. Por ahora seguiré siendo yo. Estaremos bien.

—¿Qué pasará cuando tus alas sean totalmente blancas? Porque, eventualmente, lo serán. —No quería pensar en ello. Sin embargo, era inevitable. El proceso de conversión en ángel ya había iniciado. La pluma blanca así lo demostraba.

Dante se separó de ella y fue hasta la ventana, evitando mirarla.

—Me lo temía.

—No creo que llegue a convertirse totalmente. —Jofiel trató de consolar a su amiga. Lo intentaba—. A menos que tenga un corazón totalmente puro. Pero ese no es el caso, ¿cierto? Quiero decir —rió ante la idea de un Sir Galahad del siglo XXI—: ¿Quién lo tiene?

Nadie dijo nada. Dante estaba enfrascado en sus propios pensamientos. Joanna también.

El ángel carraspeó para atraer su atención.

—¡¿CIERTO?!

—Por supuesto. No creo que él sea tan santo como aparenta —comentó Joanna, con descreimiento. Nunca en su vida había conocido a alguien como él. Incluso Jofiel parecía un descarriado, a su lado.

El demonio emitió un suspiro. Se hallaba serio, como si tuviera que hacer algo desagradable. A ella le asustó un poco su expresión.

—¿Dónde vas? —le preguntó la joven, con una nota de desesperación, al verlo aproximarse a la ventana. Claro, podía lanzarse por allí sin ningún problema. No como la gente normal que sí o sí necesitaba usar la puerta de entrada, porque carecía de los aditamentos necesarios para volar.

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!