Prólogo

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La empujó con brusquedad y esa acción fue tan fuerte que casi se rompe la cabeza contra la pared. Ella se quedó atontada, descolocada y aturdida, lo único que escuchaban eran risas que aumentaban ante su humillación.

—Allí debes estar, maldita sucia—espetó el chico, con cierto tono burlón y agregó—: Como la puerca que eres.

Más risas detonaron contra sus tímpanos y ni siquiera tuvo el valor de ponerse de pie y defenderse, ya que temía que los demás volverían a atacarla.

La joven se atrevió y levantó un poco la mirada hacía él, que se encontraba detrás de aquel chico que la había empujado sin piedad.

Lo miró tan solo un instante, suplicándole en silencio que hiciera algo, pero allí estaba con gesto frio y distante como si fuese ajeno a lo que estaba sucediendo.

Entonces, él dio un paso adelante como si quisiera tomar la palabra de lo sucedido. Ella se vio esperanza, creyendo que por fin se atrevería a defenderla, que por fin la tomaría de la mano para ayudarla a levantarse.

Que ingenua era aquella chica en ese entonces.

—Traigan la botella con mierda y agua—ordenó él, mirándola con asco.

Ella abrió los ojos de par en par con tan solo oír como sus palabras duras eran soltadas sin compasión y quiso echar a correr pero ya era tarde, dos chicas aparecieron con botellas en sus manos con un olor espantoso y le roncearon hasta la ultima gota.

Escuchó hasta la ultima risa, hasta la maldita ultima. Vio como se marchaban, dejandola allí tirada como si fuera poca cosa, como si fuera basura. Estaba en shock, no podía ni siquiera respirar por culpa del olor nauseabundo. Estaba llena de mierda.

Quería vomitar.

Levantó la mirada que tenía agachada, y vio como él, justamente él, la veía con tal desprecio que se sintió más humillada de lo que se sentía.

—Te odio—le dijo él, en seco.

La tomó por sorpresa, eso no se lo había esperando jamás.

Ella tragó con fuerza y cerró los ojos, como si aquello la hiciera escapar de la realidad. Cerró los ojos, porque así, apagaba al mundo.

Pero en ese mundo apagado estaba él con su torso desnudo.

El último beso¡Lee esta historia GRATIS!