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Como todavía faltaba más de una hora para que llegase el alférez Zenk al hangar 2, aproveché para ir al comedor y me puse junto al generador de alimentos para ver qué pedía la tripulación y así poder cambiar mi menú de guiso de vaant pero casi todo el mundo pedía lo mismo: pan, mermeladas, infusiones, leche, papillas de fruta... hasta que finalmente llegó Tuk y se percató de lo que estaba haciendo.

‒¿No sabes cómo funciona el chef mecánico, cachorrilla? –me dijo con sorna pero yo hice como si no le hubiera escuchado y miré para otro lado–. Entiendo lo que te pasa, esta máquina no procesa alimentos sólidos pero he encontrado algo que tal vez te guste; sabe parecido a la carne aunque evidentemente no es carne –Yo le miré con indecisión pero el hecho era que me hacía ilusión que el liwon me enseñase alguna receta acorde a mis gustos y mi cola delató lo contenta que estaba–. Dos chopp'leda.

Cogió la bandeja y me hizo una seña para que le siguiese hasta una mesa. Le hice caso y me senté en el banco frente a él. Olí el chopp'leda; nunca había oído el nombre de aquel plato pero lo cierto es que olía bien y tenía mejor aspecto de los guisos anteriores; era una masa de harina gris bastante compacta que me recordó a una salchicha.

‒¿No lo pruebas? –me preguntó. Yo tenía mis reservas porque ni Tuk ni Dussi me inspiraban mucha confianza pero él se atrevió a darle un bocado a su chopp'leda y yo le imité.

Aquello era lo peor de cuanto había comido hasta ahora. No sabía a nada, era puro picante. Se me durmió la lengua y empezaron a saltárseme las lágrimas mientras notaba como el picor se extendía hasta mis oídos. Busqué algo para beber y apaciguar el fuego de mi garganta pero lo único que había a mano era el vaso de un tripulante que estaba a mi lado, lo cogí y me lo bebí de una sola vez: era una infusión amarga. Pero lo peor no terminó ahí. El problema principal del chopp'leda era su consistencia viscosa y arenosa. Tuve que meterme la mano en la boca para extraerlo porque se me había quedado pegado al paladar y con la lengua no podía sacármelo porque con solo rozarlo me quemaba. Tuk se empezó a reír de mí.

Cuando por fin logré calmarme fui al generador de alimento y le pedí 3 vasos de leche que me bebí, uno tras otro, sin apenas respirar de por medio. También pedí una infusión y se la llevé al tripulante al que se lo había robado; me dio las gracias por el detalle.

‒¿No te gusta? –me preguntó Tuk con malicia mientras le daba otro bocado a su chopp'leda–. Tal vez sea demasiado fuerte para un cachorrito como tú.

No quería una pelea como la que había tenido con Kash-Tar en el hangar así que contuve mi rabia y me marché con el rabo entre las piernas.

De vuelta en el hangar 2 me percaté de que habían traído un par de naves más; no eran cazas, ni iban equipadas con armamento. Deduje acertadamente que serían lanzaderas.

Zenk llegó puntual ‒a diferencia de mis compañeros de O.E. que seguían llegando cuando les apetecía‒ y también se dio cuenta de que había muchas naves además del escuadrón de pilotos y algunos mecánicos trabajando allí. Apenas teníamos espacio para desarrollar los ejercicios y por supuesto, ahora que la teniente Nara era el oficial de más alto rango presente, nos estaba vetado hacer prácticas de tiro o hacer cualquier otra cosa que pudiese dañar sus preciados cazas.

Mientras estábamos haciendo una serie de abdominadas en la barra dieron un aviso por la megafonía de la nave. Por fin La Falcon estaba lista para despegar y el alférez nos pidió que regresásemos a nuestros camarotes antes de que conectasen los motores e hiciésemos el salto.

Era fantástico: por fin íbamos a dejar Gaea y salir tras Xerjes.


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