Capítulo 4

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Dos meses antes.

Allí estaba, moviendo su pie en un constante zapateó mientras observaba la televisión desde la barra de la cocina. También golpeaba la mesa con las llaves de su coche que tenía entre los dedos. No sabía que era lo que estaba esperando pero sentía esa sensación de tener que esperar para lo que tenía en mente. Siempre era así, dudaba una y otra vez en volver pero al final lo hacía. Se sintió idiota y supo entonces que estaba nervioso.

—Cielo ¿podrías hacerme un favor? —preguntó su madre entrando por la puerta de la cocina con un tazón donde antes había palomitas en las manos. Le prestó atención y asintió. Laura dejó el tazón en el lavatrastos y enjuago sus manos para después tomar una servilleta y secarlas—. Dijiste algo sobre ir al super mercado ¿verdad?

—Sí. Le comprare algo a Ethan por su mes —murmuró.

—Ah —su madre sonrió—. ¿Iras a verle hoy?

Zayn asintió.

—¿A qué hora volverás?

—No lo sé. Supongo que será rápido de todas maneras —se alzó de hombros, Laura hizo una mueca pero asintió—. ¿Por qué? ¿Qué necesitas?

—Oh, quería que compraras algunos detergentes para la ropa y eso. Tengo que tenerlos para mañana y saldré desde muy temprano por los asuntos de tu padre.

—Ya. No te preocupes, yo los traigo.

—Pero ve ya, que el super cierra a las diez.

—Sí, sí. Ahora voy.

—Gracias cariño —su madre le regaló una caricia en la mejilla y salió de la cocina. Zayn suspiró y encendió la pantalla de su teléfono, eran ya las nueve de la noche con doce minutos. Se concentró en su fondo de pantalla, aquel donde aparecía Ethan dormido, tan tierno. Sonrió al recordar a su pequeño en su cuna, respirando tranquilo, aquellos guantesitos en sus manitos, Ethan era toda una ternura. Él de verdad amaba a su bebé.

Pronto sintió un nudo alojarse en su garganta, bajo su mirada y respiró un par de veces. Le dolía, le dolía y mucho. ¿Por qué era tan cobarde? No había día en que no maldijera aquellas palabras que alguna vez habían salido de su boca. Y lo sentía tanto, no sabía como remediarlo. Se preguntaba una y otra vez si Louis le odiaba de verdad. Él también se odiaría si hubiera ocupado el lugar de Louis

[...]

Allí estaba, cargando una pequeña caja con biberones y algunos juguetes para Ethan. Subió las tres escaleras del porche para después ir a la puerta. Se plateó tocarla más de diez segundos, tocó dos veces y fue atendido casi al instante.

La puerta se abrió dejando ver a Jay, la madre de Louis. La mujer le sonrió de oreja a oreja y se acercó para saludarle con un beso en la mejilla. Siempre tan amable ¿y cómo no serlo? Dijera lo que Louis dijera, ella sabía cuan especial era ese chico para su hijo, más encima, sería su yerno para siempre.

—Hola querido, que sorpresa tan agradable que te pases por acá. Adelante, pasa, pasa —Jay le tomó del brazo adentrandolo a la casa para después cerrar la puerta. Zayn sonrió y apretó los labios un momento.

—Hola Jay ¿cómo está? —preguntó sonriendo cálidamente.

—Oh, pues me va bien hijo. ¿Y tú? ¿Cómo te a ido en el trabajo? —al momento, ambos se encontraban caminando a la cocina. Jay de inmediato le ofreció una silla que Zayn tomó. Colocó el regalo para Ethan encima de la mesa y sin más se sentó. Y es que aquello era tan familiar.

—Pues me ha ido bastante bien a decir verdad. Algo cansado, cabe decir.

—Ay cariño el trabajo siempre es cansado —sonrió—. ¿Gustas una taza de café o chocolate caliente? Afuera está que se congela todo.

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