Capítulo 1

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Esa es mi casa, bueno, la de la derecha... Odiaba tener que llamarla casa. Mis papás habían decidido mudarse a esa casita casi en la esquina. No estaba mal... se veía aceptable, más aún bajo el sol: El jardín estaba increíblemente verde y era mediano. ¿Por qué de todas las casas esa?  Hubiera preferido una más pequeña o con un jardín más feo y pequeño para que fuese más fácil odiarla. No quería mudarme, no quería vivir ahí.

-¿Y si los vecinos son odiosos? ¿O bulliciosos? ¡Estamos pegados a ellos!- dije con la esperanza de volver al aeropuerto y tomar un avión a casa sabiendo, en el fondo, que era imposible.

-Camina-dijo como única respuesta mi papá.

Tomé una caja llena de mis cosas, mi mochila y entré. Estaba molesto... o triste. Simplemente caminé al fondo de la casa y me metí al último cuarto cerrando la puerta. Tanteando encontré el interruptor. Había dos cortinas, una de ellas extrañamente en la pared que compartíamos con los vecinos. También había una cama pegada a la esquina, bajo la cortina en la pared compartida, con una colcha azul oscuro. Las paredes no estaban pintadas, eran de cemento, gris por todos lados, salvo el piso que tenía una alfombra delgada entre blanca, beige y gris. En la esquina opuesta a la cama, mirando directo hacia la puerta había una pequeña librera de madera.  En la otra esquina, había un enorme armario, también de madera clara totalmente vacío. Tiré mis cosas en el armario. Lo que realmente me llamaba la atención era la segunda cortina. La primera, daba obviamente a la parte trasera del jardín. Pero... ¿Por qué alguien pondría una cortina contra la pared?

Me senté en la cama y  miré desconfiado a la cortina. La abrí de golpe y retrocedí por la nube de polvo que salió hacia mí junto a algunas polillas.

-Genial-mascullé frunciendo el ceño.

Cuando la nube se disipó me acerqué a la pared para examinarla. No vi nada y me dejé caer soltando un resoplido. Me sentí extrañamente decepcionado.

-Chris...-mi mamá tocó la puerta.

-¿Sí?- respondí de mala gana cerrando los ojos cansado, imaginando el discurso que vendría a continuación.

Ella abrió la puerta lentamente.

-Por favor- me miró... de esa manera que usan las mamás y siempre te convencen o te enternecen o te hacen sentir como un niñito y quieres acurrucarte.

Esbocé una torpe sonrisa que ella me devolvió tristemente.

-¿Puedes acomodar tus cosas?

-Mamá... -solté un quejido.

Ella se limitó a mirarme.

-No nos vamos a ir ¿verdad?

Mi mamá negó con la cabeza, me miró preocupada y hasta parecía sentirse culpable. Me comencé a levantar con lo que ella sonrió aliviada y cerró la puerta diciendo "te quiero".

-Yo también, ma...-susurré aunque ella ya no me podía escuchar.

Al fin se hizo noche. Mis cosas estaban ya ordenadas en el armario así como todos nuestros muebles a lo largo de la casa. Yo había elegido quedarme con los muebles que había encontrado en el cuarto. Iba a ponerme pijama para irme a dormir cuando la segunda cortina volvió a llamar mi atención. La abrí nuevamente. Por primera vez noté un huequito, más como una rayita casi repleta de tierra y suciedad. Soplé con fuerza y una enorme nube de polvo salió. Cuando miré de nuevo, pestañeando con fuerza, protegiendo mis ojos del polvo, la raya era mucho más grande. Me extrañé y comencé a limpiar los bordes de la raya cada vez más acelerado, apurado... Una vez que acabé y retrocedí, se veía, al fijarse cuidadosamente, un cuadrado de un metro por un metro. Empecé a rascar el borde del bloque para ver si podía moverlo. La curiosidad me recorría por todo el cuerpo y nada me detenía. Cuando logré mover unos milímetros el bloque, mis ansias crecieron. Empecé a sentir que las yemas de mis dedos se raspaban, pero no paré incluso cuando me comenzaron a sangrar un poco. Tras unos minutos logré retirar el bloque y mi sorpresa fue enorme al ver otro bloque. Tras examinarlo unos segundos noté que mi bloque, que era bastante delgado, era la mitad de la pared. Otro bloque era la otra mitad. Por los bordes se veía una luz tenue que se difundía por el polvo. Dejé mi bloque sobre mi cama y empujé con fuerza usando ambas manos el otro bloque. Este cayó también con fuerza levantando montones de polvo y haciendo ruido. Yo me fui de frente, pues había apoyado todo mi peso en el bloque y mis brazos y cabeza se asomaron en el cuarto que acababa de invadir. Sonó un grito y cuando pude ver algo distinguí a una chica con el torso desnudo, tapándose con un polo que supuse que se había estado a punto de poner cuando aparecí.

La Ventana de CementoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora