Capítulo 25: Enamorada

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- ¡No es justo! Se supone que tú odias a los chicos –se quejó mirándome- sabía que estabas enamorada de él pero no pensé que ibas a rendirte por un mes o dos..

- ¿Lo sabías? –pregunté sonrojándome- y yo no me he rendido..

Era solo que no podía ocultar más lo que sentía por alguien que pensé que nunca iba a sentir nada.

- Necesitamos contárselo a Rachel cuanto antes –le dijo James poniéndole un brazo en los hombros a Anne-

Me paré en seco.

- ¡¿A mi madre?!

- Si... ella también ha apostado pero decía que ya estaban de novios hace rato y que hasta lo habían hecho en tu casa...

Kian lanzó una carcajada y yo me tapé la cara con las manos. Iba a matar a mi madre. Y a mis amigos por hacer una apuesta con ella.

- ¿Y se puede saber que apostaron?

- Oh, no quieres saberlo –dijo Anne y luego me abrazó- Más allá de la apuesta ¡Estoy muy feliz de que estén juntos!

- Yo también lo estoy –le respondí sonriendo y mirando a Kian, sin poder evitarlo-

- ¡Esperen! –dijo Anne con una idea en mente- ¿Ustedes no se han acostado juntos todavía, no? –nos preguntó mirándonos a Kian y a mi emocionada- Podemos hacer una apuesta sobre eso –exclamó acercándose a James para arreglar su revancha-

Rodeé los ojos y me acerqué a Kian para volver a darle la mano. A nadie le gustaba perder, pero en ese momento pensé que yo me dejaría perder contra Kian felizmente.

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Pienso que no existe un momento exacto en el que te enamoras, creo que cuando te das cuenta que estas enamorado en realidad lo has estado desde hace mucho tiempo atrás. Creo que nadie elige de quien enamorarse.. no intencionalmente, tampoco alguien puede elegir desenamorarse. Los sentimientos están o no están, uno no puede forzarlos ni tampoco hacer que se vayan.

Tampoco creía que existía un momento exacto en el que me había dado cuenta que estaba enamorada de Kian Denovan, tal vez siempre lo supe pero nunca antes me había dado cuenta.

Aunque de lo que si estaba segura era que nunca lo había visto venir. Si a principio de año me preguntaban si me imaginaba con un novio como él mi respuesta no iba a ser que no, mi respuesta iba a ser que esa persona se consiga un psicólogo. ¿Yo de novia? Imposible. Pero es increíble como las cosas cambian. Uno siempre le tiene miedo a los cambios porque tienden a ser cosas desconocidas, y estaría mintiendo si dijera que no tenía miedo. Le tenía miedo a enamorarme, a ser tan vulnerable ante una persona, a permitirle entrar a mi vida de una forma que nadie lo haría jamás.

- ¿En qué estas pensando? –me preguntó Kian apartándome el pelo de la cara-

Estábamos sentados en su moto luego de dar unas vueltas por la carretera.

Le contesté mi pregunta con otra pregunta.

- ¿A qué le tienes miedo?

Kian hizo una mueca y miró el cielo.

- No tienes que decirlo si no quieres –me apresuré a decirle.

- No es eso, es que es vergonzoso.

- ¿Por qué lo dices? –dije frunciendo el ceño-

Suspiró.

- Tengo miedo a no poder progresar –explicó sin mirarme a los ojos- a no poder superar la ausencia de mi hermana. Uno de los sueños que compartíamos los dos era viajar por todo el mundo –lanzó una carcajada amarga- ¿Cómo voy a poder hacer eso si ni siquiera puedo subirme a un auto? ¿Si cada vez que escucho la frenada fuerte de un auto mi corazón se acelera hasta el punto de no saber cuando se va a normalizar?

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