Primera cita

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Dentro del auto camino a la casa de Simón reinaba un silencio pacifico, placentero, era la confirmación de que ni Simón ni Ámbar deseaban otro lugar mas que este, mas que sus presencias unidas, sus manos entrelazadas recordaban cada centímetro de piel que cada uno había sentido del otro, era una sensación de leve electricidad, algo que ninguno de los dos había sentido.

Simón por primera vez no pisaba el acelerador, disfrutaba cada segundo con todo a su alrededor, el camino a la orilla del mar era acogedor, y solo el guardaba el secreto de su ultimo encuentro, miró a Ámbar quien había recargado su cabeza en el respaldo del asiento y cerrado los ojos, ella suspiró con una sonrisa bailando en sus labios mientras Simón sonreía a la vez, ella esta cansada, el lo sabia, por que siendo sinceros también el estaba molido, había sido la noche mas larga, mas placentera y mas agotadora de su vida.

Aparcó el auto mientras ella permanecía con la respiración acompasada, se inclinó hacia ella para hablarle al oído.
-Llegamos Amor-, ronroneó mientras ella sonreía
-No estaba dormida-, se burló ella mirándolo con los ojos entrecerrados.
-Si claro bonita-, bromeó el mientras salía del auto y la ayudaba a ella para entrar en la casa, tratando de no hacer ruido hasta que oyeron la voz de Miguel provenir de la cocina.
-Luna, date prisa solo tenemos unos minutos-, le decía a su hija mientras se alistaban para salir, Ámbar escondió la cara en el pecho de Simón y este rió mientras trataban de no hacerse notar al dirigirse a las escaleras.
Ámbar solo quería llegar a la habitación, por que una cosa era poder poner en su lugar a las bromas de Gastón al verlos salir del sótano y otra mirar a su "suegro" mientras este se da cuenta que apenas regresan, se pondría como farolito de solo pensarlo.

-¿Por qué no se limitan a la casa? la oficina era un lugar sagrado-, anunció Gastón lastimosamente en tono burlón sobresaltándolos al pie de las escaleras aun con pantalón de dormir y una playera.
-Apenas regresan-, inquirió el con la sonrisa burlona.
-No... ¿Tu crees?-, preguntó Ámbar de forma irónica.

-Hermanito tu novia esta de pésimo humor, de verdad si tienes algún problema ya sabes existen esas pastillitas azules-, bromeó Gastón mientras Simón gruñía y su novia soltaba un risita sin poder detenerse.
Simón la atrajo mas hacia el y la vio a los ojos mientras la estrechaba a su cintura y sus manos bajan un poco mas abajo de sus caderas.
-¿Tengo algún problema?-, preguntó el mientras Ámbar negaba con la cabeza y se mordía el labio, Simón sonrió y la besó inocentemente solo rozando esos labios que lo enloquecían, Ámbar disfrutó del roce mientras sonreía.
-¡Conejos!, aun sigo aquí-anunció Gastón mientras los dos reían y Simón negaba con la cabeza.
-Y no tienes nada mejor que hacer-, inquirió Simón mientras miraba a Ámbar.

-Buenos días papa-, saludó Gastón mientras Miguel sonreía y miraba la escena.
-Buenos días-, anunció mientras Simón abrazaba a Ámbar que trataba de desaparecer entre su cuerpo y murmuraba un tenue saludo.
Gastón se botaba de la risa mientras Luna salía de la cocina y también soltaba una risita.
-Nos vemos en la comida chicos-, dijo Miguel sonriendo a su hijo mientras Luna buscaba la mirada de Ámbar.
-Adiós tortolos-, anunció mientras salía de la casa con la mochila de la escuela.

Simón comenzó a subir las escaleras seguido de Ámbar mientras Gastón aun seguía riendo unos escalones arriba.
-Mama ya no vera del mismo modo la oficina-, bromeó el, mientras Ámbar le sacaba la lengua rumbo a la habitación, cuando llegaron se tumbo en la cama mientras Simón se sentaba a su lado.
-Al menos a tus papas no les queda duda que eres sexualmente activo-, murmuró ella mientras Simón reía.
-¿Por qué no tomas una ducha?-, sugirió, pensando que podría preparar el desayuno para antes de que por fin pudieran dormir un poco.
Ámbar sonrío y se levanto para quedar a su altura mientras Simón le ponía un mechón de cabello detrás de la oreja.
-¿Me acompañas?-, preguntó Ámbar mordiéndose el labio, el se estaba convirtiendo en su completa adicción, negó mentalmente y corrigió, no... ya era una adicta.

ACUERDO PERFECTO                                            |SIMBAR|¡Lee esta historia GRATIS!