Hacerte mía

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Simón besaba el hombro desnudo de Ámbar mientras ella se despertaba lentamente, el jamás se cansaría de su olor, del sabor de su piel, Simón había estado con muchas mujeres, mas de las que pudiera recordar pero ella era la única que lo acompañaría siempre en su pensamiento, si tuviera que compartir su cama con alguien mas sabia que seria opacada por Ámbar, en su mente cada recuerdo seria mucho mejor que cualquier otra persona, no sabia como pero debía de haber una forma para alargar esto, si ella quería sexo el estaba dispuesto a dárselo ...sin una fecha final.

-Tengo cara de chupa-chups-, murmuró Ámbar mientras el sonreía, ella se giro para quedar cara a cara y beso sus labios.
-Siempre tan romántica y delicada-, se burló Simón y Ámbar lo volvió a besar, haciendo que el la atrajera más a él, aun permanecían desnudos, Ámbar se dio cuenta que extrañaría esto, la sensación de despertar con el, de su cuerpo rozándose contra el suyo, pero no quiso pensar en eso, no por ahora.
-Si seguimos así no lograras sacarme de la cama-, le susurró Simón mientras ella quedaba recostada en su pecho.
-Pues no lo hagas...vamos a quedarnos así-, pidió Ámbar besando tenuemente la piel de su pecho.
-¿Quien eres y donde esta mi adorada socia?-, bromeó y Ámbar le dio un golpe en el estomago.
-Es la mejor idea que has tenido chica lista-, continuó mientras la besaba y comenzaba a acariciar sus pechos.
-Me refería a descansar genio-, le murmuró en un tono de voz que pedía más.
-Mmmm-, Simón beso su cuello y comenzó a hacerle cosquillas.

Se quedaron así casi toda la mañana entre bromas y siestas, besos y caricias furtivas, que solo excitaban la imaginación, ambos quería alejarse de la realidad, de una realidad en la cual su tiempo terminaba deprisa y aun no podían aclarar los sentimientos que los embargaban.
Ámbar comenzó a sonrojarse solo de pensar que nadie tocaba a la puerta, pues sabia que Gastón la esperaría con sus bromas o Mónica la miraría con ese brillo en lo ojos de complicidad y amor maternal.

Simón acariciaba su vientre tumbado boca abajo, con los ojos cerrados, Ámbar tenia sus manos en el cabello de el también con los ojos cerrados, había mirado su reloj, hace poco que marcaba pasadas de la 1 de la tarde, en realidad llevaban bastante despiertos pero el había cumplido lo que ella quería, Ámbar sabia que de ser posible se quedarían así todo el día pero había una cosa que tal vez les impediría seguir de esta forma, ya era casi hora de la comida y no habían ni desayunado.

El estomago de Ámbar gruño bajito para acentuar su pensamiento a lo que Simón sonrío.
-¿Hambre?-, murmuró de manera socarrona.
-No, es el ruido que hago con mi estomago cuando ha sido suficiente de la cama-, replicó Ámbar de forma sarcástica, Simón la beso lentamente antes de levantarse.
-Hora de comer-, sonrío ella, devolviendo el gesto.
Ámbar se vistió con un pantalón a la cadera y una linda blusa que se pegaba a su bella figura, causando que  Simón se le quedara mirando mientras ella se peinaba, ya cambiado fue hasta ella y envolvió su cintura con sus brazos.
-Linda blusa-, susurró en su oído.
Ámbar sonrío y se puso los lentes mientras acomodaba sus rizos sueltos, se giro y puso sus manos en los bolsillos traseros del pantalón de el.
-Lindo pantalón-, admitió mientras el sonreía y le acariciaba el cabello.
-Me encanta tu cabello cuando no te peinas-, murmuró antes de besarla, Ámbar se separo mientras le sacaba la lengua.
Se acomodo los lentes y el cabello que le llegaba casi a media espalda y Simón la giro para besarla de nuevo, se reprimía mentalmente por que sabia que si ella no hubiera cruzado su puerta ese día, no la hubiera conocido y eso lo hacía sentir un imbecil, pues ella era la única que parecía hacerlo sentir completo.

Bajaron poco antes de que Luna llegara de la escuela después de que Miguel la recogiera.
-¿Ya me van a decir como le hacen para ir a clases si no hay quien los saque de la habitación?-, insistía Gastón en el sofá a Simón quien solo rodeaba los ojos y miraba la televisión mientras la comida estaba lista.
-Se lo vas a pedir no es así-, inquirió Gastón continuando con su monologo sin desviar su vista del televisor algo bajo como no queriendo que nadie mas que su hermano lo oyera.
-¿Pedir que?-, preguntó Simón confundido.
-Que se case contigo-, replicó Gastón con voz tonta, Simón sonrío casi de forma involuntaria, quisiera responder que si y ni siquiera sabia en realidad por que deseaba estar con ella mas que cualquier otra cosa, como le explicaba a su hermano que los días terminaban y ella se iría.
-No hemos pensado en eso-, murmuró tenso.
-Ah si se me olvidaba que están muy entretenidos imitando a los conejos-, bromeó Gastón y Simón bufó.
-Simón en serio, ella vale la pena que no lo ves-, en raras ocasiones Gastón se comportaba o parecía la edad que tenia y esta era una de esas veces pero Simón no soportaba esta conversación por que no necesitaba que se lo dijeran, el lo sabia y aun no se atrevía hacer nada.
-Lo se...lo se-, murmuró mientras se levantaba sin decir mas.
Comieron mientras Gastón seguía bromeando sobre Simón y Ámbar por que no había pasado mas de una hora de que se habían levantado, Miguel los miraba y sonreía, pero Ámbar sabía que Simón tenía algo, esta molesto solo sonreía fingidamente y no había hecho ninguna broma con ella.

ACUERDO PERFECTO                                            |SIMBAR|¡Lee esta historia GRATIS!