Pasteles de lodo

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Ámbar sintió una ligera caricia en su rostro y arrugo la nariz mientras pasaba su mano por su cara, la sensación volvió hasta hacerla desesperar, se tallo el rostro con el dorso de la mano y oyó una risa burlona mientras abría los ojos, mirándola con la cara apoyada en una mano y el codo clavado al lado de su cara estaba Simón con una sonrisa burlona y sus lentes puestos.

-Eres ridículo-, murmuro Ámbar mientras el sonreía aun mas.
-Sabes...estas ciega-, susurro el mientras se quitaba los lentes y ella torció los ojos.
-Digamos que yo nací con algunas imperfecciones, no todos tenemos tu genética-, contesto Ámbar mientras se levantaba tapándose con la manta hasta quedar sentada entre los cojines y se ponía los lentes.
-¿Te gusta mi genética?-, replico Simón mientras Ámbar sonreía.
-Engreído-, contesto mientras el besaba su espalda, no lo pudo evitar ella estaba ahí con el y bromeaba y seguía sus juegos, Simón no entendía la necesidad que tenia de ella pero existía.

Ámbar cerro los ojos al sentir los labios de el contra su piel, quiso girarse y besarlo pero aquello no estaba en el acuerdo, el día comenzaba y ellos debían de salir de aquel sótano.
-¿Qué hora es?-, susurro Ámbar mientras Simón seguía besando su hombro.
-Las 6 de la mañana-, contesto contra su piel.
-Bien debemos salir de aquí antes de que tengamos que encontrarnos con todos desayunando-, dijo Ámbar girando su rostro con una sonrisa, Simón suspiro bajito pero asintió, se pudo su ropa mientras Ámbar hacia lo mismo, se puso la blusa sin sostén y lo dejo en su mano mientras Simón arreglaba algo los cojines y guardaba la manta.
-Tenemos suerte que sea domingo-, susurro Simón mientras subían las escaleras.
-Si nadie madruga hoy-, sonrío Ámbar mirándolo con complicidad.

Simón abrió la puerta y después de que Ámbar pasara la cerro, se giro para seguirla y la vio estática a la entrada de la cocina.
-Ámbar -, susurro mientras Gastón estaba muerto de la risa con el refrigerador abierto y la caja de jugo en el desayunador.
-Ok...no quiero saber-, dijo entre carcajadas mientras Ámbar y Simón rodeaban los ojos.
-De verdad hermanito...mira te voy a explicar, regularmente las h- a- b- i- t- a- c- i- o- n- e- s son el lugar para hacer lo que sea que estuvieran haciendo-, continuo entre risas.
-Mira tenemos un diccionario-, susurro Ámbar y Simón sonrío.
-Pues parece que lo necesitan pequeña Princesa...por si no lo saben el sótano es para guarda cosas-, siguió Gastón burlonamente.
-Gastón es suficiente-, contesto Simón, mientras su hermano soltaba otra carcajada.
-Como podré saber que lugares de esta casa aun no ha sido manchados por sus actos...-, dijo Gastón en forma lastimosamente teatral.
-Gastón -, advirtió Simón mientras el reía.

-Lo tradicional es aburrido-, replico Ámbar mientras Simón la miraba y Gastón fruncía el ceño.
-Deberías intentarlo alguna vez ya sabes...la cama a veces es aburrida...lo que te vuelve...aburri...-, no termino pues la risa de Simón la interrumpió mientras Gastón abría la boca formando una gran "o" y ella sonreía, Simón la envolvía con su brazo y beso su cuello.
-Has ganado la batalla pequeña...-, dijo Gastón mientras ella reía.

Simón la tomo de la mano mientras subían las escaleras, al llegar a su habitación Ámbar se tapo el rostro llena de vergüenza y Simón río.
-Eres increíble...le dices eso y hasta ahora te apenas-, dijo el y ella le saco la lengua.
-Instinto de supervivencia-, murmuro ella aun sin verlo.
El se arrodillo y le quito las manos del rostro.
-Me agradan tus instintos-, le susurro antes de besarla, Ámbar respondió aun sabiendo que si no lo detenía le debería al menos un día mas de acuerdo o quizás mas...el se estaba volviendo una placentera adicción.
-Tenemos que arreglarnos-, susurro ella mientras el besaba su cuello.
-Aun es temprano-, murmuro Simón perdido en su piel, no lo pararía aun quedaba tiempo.
-Es domingo-, recordó ella.
-Por lo mismo...aun hay tiempo-, replico Simón mientras acariciaba su vientre por debajo de su blusa.
-Te conformas con al menos una o dos horas-, dijo ella en tono burlón.
-Para dejarte deseando que llegue la noche Smith ...claro que si-, replico antes de besarla de nuevo, esta vez Ámbar no contesto mas, y se recostó junto con el en la cama mientras la luz del día comenzaba a iluminar la habitación.

ACUERDO PERFECTO                                            |SIMBAR|¡Lee esta historia GRATIS!