Capítulo 13

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Buenas :)

Espero que disfrutéis de este capítulo como lo hice yo escribiéndolo.

Ya llevaba una semana al apartamento de Magnus. Izzy, Clary y Jace la venían a ver de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo estaba sola, excepto las noches. Cada noche aparecía Alec para hacerle compañía hasta que se dormía. Pero ella lo único que quería era poder salir y volver a la normalidad con sus amigos. Tenía la sensación de que si seguía más tiempo allí dentro se volvería claustrofóbica.

-Brujita, ya estamos en casa –anunció Jace mientras entraba con Alec al apartamento.

Los dos hacían cara de agotados, pero por muy tarde que fuera querían venir a verla. El rubio se sentó en el sofá a mirar como ella acababa de sacarle el polvo a las estanterías más viejas y gastadas.

-Hoy te han convocado a juicio –le dijo Alec, sentándose en la butaca.

-¿Cómo? ¿Cuándo?

-De aquí dos semanas en el instituto. No te han localizado, pero sospechan de nosotros brujita –le aclaró Jace.

-Esto es bueno, no sufras. Tú sólo tendrás que explicar la verdad. Eres inocente.

Los ojos de Alec y los suyos conectaron durante unos segundos, pero ella desvió la mirada y siguió escuchando lo que le explicaba Jace sobre el instituto, la Clave e Idris.

Jace se fue una hora después de haber hablado con Sky y dejó sólos a los otros dos. Ninguno de los dos dijo nada mientras comían algo. No sabían muy bien qué decirse. Decidieron dormir un rato y Sky se estiró en el sofá y sonrió a Alec antes de adentrarse en un profundo sueño.

Ella estaba en un callejón sin salida con Alice y Dorian.

-Tenemos que entrar –anunció la chica de cabellos rubios.

Dorian miró a los ojos de Sky y le cogió fuerte la mano antes de hacerle un dulce beso en la mejilla.

-Son sólo demonios, Sky –le dijo sonriendo su amiga antes de adentrarse en aquel gran edificio abandonado.

No había nadie. El silencio reinaba en la sala y aquello los puso en alerta máxima. Era muy extraño.

Y, sin darse cuenta, empezaron a salir demonios y gente de todos lados. No sólo había lo que se habían imaginado, aquello era una emboscada y los habían atrapado.

Sky notó que se quedaba sin aire mientras seguía luchando para defenderse a ella y a los otros dos. "Saldremos todos vivos" se decía a ella misma. Pero entonces vio una luz azul aparecer delante suyo con el famoso mago de Brooklyn.

-Sky, nos vamos. No puedes hacer nada.

Ella se echó a llorar e ignoró lo que le decía el mago. Este no se dio por vencido y cogió un brazo a cada shadowhunter, haciéndolos transportarse a su apartamento de Brooklyn. Alice no estaba con ellos.

Se levantó de un bote del sofá, sudando. Se pasó las manos por la cara y notó que estaba llorando. Alec estaba sentado en el suelo con cara de preocupado. Seguro que lo había despertado y él la había intentado calmar de alguna manera.

-Alec, no la salvé –le dijo ella entre sollozos, echándose encima suyo.

El chico de ojos verdes la abrazó muy fuerte, no la quería soltar. Le limpió las lágrimas con cuidado y le sonrió.

-Sólo ha sido una pesadilla.

Sky se calmó y se dio cuenta que se sentía muy protegida junto a Alec. Con él todo era diferente, ella era diferente.

-Ve a la cama, dormirás mejor –le dijo él, cogiéndole la cara con las manos.

-Pero es... –intentó replicarle ella, pensando en Magnus y el tiempo que debían de haber pasado juntos.

-Es igual. Magnus pensaría igual.

Alec le cogió fuerte la mano y la acompañó hasta la habitación. Le abrió la cama y la ayudó a estirarse. Le hizo una pequeña caricia en la mejilla y se fue de la habitación para dejarla sola.

-Alec... –dijo Sky con un hilo de voz, haciendo que el chico volviera a entrar-. ¿Te puedes quedar conmigo?

La chica se puso a un lado de la cama y esperó a que el chico se estirara a su lado. Hacía muchos años que no se estiraba en aquella cama y se le hacía extraño volver a estar ahí.

Ella se durmió al cabo de poco rato y, durmiendo, acabó enganchada a Alec, quién la abrazó y le empezó a hacer caricias en los cabellos. Estaba muy relajado cuando, de repente, una luz rosa iluminó la habitación.

Alec no sabía de donde salía aquella luz hasta que se dio cuenta que salía de la piedra de su brazalete. Brillaba con mucha intensidad y aquello lo asustaba. No podía ser...

El submundo contigo (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!