El acuerdo

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Ámbar caminaba por el pasillo de los dormitorios para varones en el edificio cerca de la Universidad, no pensaba mientras recorría puerta tras puerta, era de madrugada, muy noche para que alguien estuviera rondando por ahí, los mas inocentes estarían dormidos y los mas pervertidos estarían demasiado ocupados para estar afuera de su cama.

Solo pedía a Dios que su objetivo al menos estuviera en un punto intermedio, que al menos por esta noche no estuviera enrollándose con alguna de sus tantas conquistas.

Fue hasta el final del pasillo donde el dormía, al ser el consejero de aquel piso dormía solo, convenientemente, pensó Ámbar mientras se miraba su falda un poco arriba de la rodilla, su blusa de botones con los dos primeros desabrochados y su dorado cabello medio rizado en un moño casi desecho, se echo para atrás sus lentes e inhalo fuertemente antes de abrir la puerta.

Al girar la perilla dio un paso para ver a nada más ni nada menos que a Simón Álvarez recostado en su cama con un brazo sobre su cabeza y el otro sosteniendo un libro y vaya que eso si era inusual.

Pero Ámbar estaba mas entretenida observando su abdomen desnudo demasiado bien formado para tomar en cuenta que quizás el hombre mas popular de toda la Universidad podía leer mas de dos paginas seguidas.

El la miro con el ceño fruncido, y ella por primera vez desde que salio de su edificio a unas cuadras de ahí sintió pánico y olvido por un momento las líneas ensayadas de su proposición, era descabellado, absurdo e indigno hasta cierto punto pero estaba harta e incapaz de pensar en nada mas, la siguiente semana había un receso antes de los exámenes finales, y Ámbar no estaba dispuesta a llegar a tal presión antes de su graduación, había pensado metódicamente en una solución y esperaba que el "Sr. Popular" fuera lo bastante poco escrupuloso como para aceptarla.

-¿Te equivocaste?-, dijo el en tono burlón sin mover un solo pelo.

-No de hecho no-, contesto Ámbar cerrando la puerta, Simón frunció el ceño y se enderezo, no es como si ella pareciera una loca o una psicópata pero debía asegurarse.

-Bien si no, en que te puedo ayudar-, dijo el poniéndose la playera.

- ...Tengo una proposición que hacerle-, Ámbar se golpeo mentalmente, estaba tan nerviosa que le había hablado de usted, definitivamente adiós empezar con una buena impresión.

-¿Hacerle?-, pregunto Simón sentado en la orilla de la cama.
-Eso podría herir a alguien sabias...ahora quisieras decirme ¿Qué proposición?...hablándome de tu...si no le molesta señora-, se burlo mientras ella torcía los ojos, la miro por un rato tratando de adivinar quien era, tenía que reconocer que era muy linda para no recordar haberla visto o haberla conocido, tal vez era una de las muchas chiquillas recién ingresadas que había oído todos los rumores sobre el, y ahora venia con una propuesta de amor o una invitación a salir.

-Si lo prefieres...como decía tengo una proposición que hacerte-, dijo Ámbar tratando de encontrar el valor para pronunciar las palabras en voz alta, tuvo el leve impulso de salir de ahí y olvidarse de todo, pasar los exámenes, graduarse y después ver como resolvía su pequeño problema pero recordaba que esto era el punto medular del asunto...siempre huía...siempre se alejaba de la gente.

-¿Crees que pueda ser hoy?, ¿sabes ha estas horas regularmente la gente normal duerme?-, susurro Simón con una sonrisa de modelo, sin pensarlo Ámbar camino y se sentó en la orilla de la cama a su lado, Simón se tenso y Ámbar desvío la mirada, definitivamente esto había sido mala idea, pero ahora ya no había vuelta.

-¿Cuanto me costaría acostarme contigo?-, dijo Ámbar recordando su clase de tácticas de negocios, esto era un negocio, confianza, seguridad y voz clara...eran las actitudes necesarias.

ACUERDO PERFECTO                                            |SIMBAR|¡Lee esta historia GRATIS!