Capítulo 11

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(Narra Natalia)

Hicimos un par de pruebas más, pero como eran un coñazo, os cuento lo que me pasó luego...

-Eh... Natha... Natalia.

Levanté la mirada de mi libro sobre los animales menos conocidos en peligro de extinción. Nos habían dado un rato libre. Jacobo venía acompañado por un chico al que yo no conocía.

-¿Hmm?

-Bueno, este es Miguel. Miguel, Natalia, Natalia, Miguel.

-Hola -le dije con una sonrisa que él correspondió- ¿Queríais algo?

-Pues... -Miguel parecía nervioso- t-tu amiga ¿Isabel, no es cierto?

-Sep -respondí sin saber a donde quería llegar.

-E-es muy guapa...

"¡Ajajá! ¡Así que era eso!" -pensé- "pues vas listo, macho".

Decidí vacilarle un rato.

-Sí, sí lo es ¿por?

-Yo... ¿po... podrías presentarnos?

El chico estaba monísimo, con la cara roja como un tomate.

-¿Para qué?

Se quedó sin respuesta. Jacobo replicó:

-Nathy, no seas malo, digooo mala. Joder, se me hace raro que seas una chica.

-Yo soy como me da la gana -repliqué- Y tú eres más chica que yo.

-Eh, eh, rubia, a mi te me relajas.

Sonreí. Echaba de menos esas conversaciones con Jacobo.

-¿O si no qué? ¿Me vas a pegar?

-Yo no pego a mujeres.

Puse los ojos en blanco.

-Nos hemos pegado durante cinco años, siempre te he ganado, nunca te quejaste ¿y ahora me vas a venir con la escusa de que soy una chica para que no te machaque?

-Si. Más o menos.

Suspiré y volví a dirigir mi mirada al libro. Mientras leía las costumbres del tiburón duende le contesté a Miguel.

-Lo siento macho, pero la piba está cogida.

-Oh...

Se fue decepcionado. Durante las siguientes dos horas, no menos de ocho chicos se acercaron a preguntarme sobre Isa. Me estaba empezando a poner de los nervios. No soy lo que se dice paciente... Ya se que Isa es muy guapa, simpática y amable, además de buena (tanto física como psíquicamente, a pesar de lo que diga Castiel), pero coño, si quieren pedirle salir... ¡QUE LE PREGUNTEN A ELLA, NO A MÍ JODER!

-Oye...

-¡NO, NO, NO, NO NO! ¡NO PIENSO VOLVER A REPETIRLO! ¡NO VA A SALIR CON NADIE!

Me respondió una voz conocida, con un tono triste.

-Yo venía a hablar contigo, Nathy, pero...

"Ay, mierda, le he gritado a Jacobo..."

Le miré , pidiendo perdón con los ojos.

-Lo siento, Jacobo. Creí que era otro de los idiotas esos...

Pareció animarse un poco.

-¿Que querías, Jacob?

-Mmm... -corraspeó, nervioso- como... como os vais mañana, querías preguntarte si esta noche te gustaría salir a pasear al bosque.

-¡Claro! ¡Ahora mismo aviso a...!

-¡No, no, no!

-¿No?

-Ha... bía pensado que tu y yo solos...

Probablemente, esto le sonó muy mal, porque rectificó mientras se sonrojaba hasta las orejas.

-¡Qui-quiero decir, para hablar como amigos y... y eso!

-Jajaja, vale, tranquilo, ya me lo había imaginado. ¿Cuando es el toque de queda?

-9:30, a las 11:30 nos vemos en la entrada.

Asentí, conforme.

-¿Táctica?

-A3.

-¿Se puede hacer aquí?

-Hay cañerías y los cuartos están cerca de la salida, será más fácil que normalmente.

-¿Armas?

-Por supuesto, ¿no recuerdas la primera norma? "SIEMPRE hay que LLEVAR ARMAS"

-Yo la cumplo, me refiero al tipo.

-Blancas. ¿Ahora llevas armas?

-Más de las que crees...

-Demuéstralo.

Metí las manos en mis botas y saqué dos dagas, de mi cinturón, una pequeña máquina de descargas de electricidad, del interior de un collar, cuerda de nailon para estrangulaciones y de el dobladillo del pantalón, una pua con veneno.

-Joder, te lo has currado.

Y eso que no le enseñé mi puñal que llevaba en el escote...

Vale, se que es corto, pero estoy de exámentes y no puedo escribir. Perdó, sorry, pardón, proshcheniye.

Historia de dos Succretes (CDM)¡Lee esta historia GRATIS!