-Sin embargo, si hubiese pasado no me lo perdonaría jamas - tosió unas cuantas veces y luego siguió - el destino me llevó a ese bar, a verte y a escucharte. El destino nos quiere juntos de nuevo, nena - sonrió.

-Otra vez -rodé los ojos - no es el destino. Las circunstancias.

-¿Y no crees que una fuerza extraña nos haya llevado a estar de nuevo juntos? Una casualidad es saber que trabajabas con mi padre, pero encontrarte después en varias ocasiones no lo llamaría ni casualidad ni circunstancia. Destino, pequeña - su voz fluía como una melodía.

-¿Y crees que todo lo que está pasando es una señal del destino para que corra a tus brazos de nuevo? - pregunté.

Poco a poco me acerqué a él con una sensualidad que no reconocía en mi ni mi cuerpo. Posé mi mano en su rodilla y como el cuerpo de Justin se tensaba con ese pequeño contacto enviando una especie de mariposas en mi estomago y un escalofrío que recorrió mi espina dorsal. Me lamí los labios resecos y en su oído susurré con una voz sexy sacada de lo más oscuro y adormilado de mi:

-Vas a tener que emplearte a fondo mucho más, cielo.

-Hay dos problemas que me detienen para parar el coche y follarte justo aquí - dijo con esa voz lujuriosa - la primera, que Jake está detrás y la segunda, tu vida está en peligro y eso es lo importante ahora.

Eso activó la parte más intima de mi cuerpo queriendo más y acción. ¿Cuánto tiempo hacia que no estaba entre un hombre? Pero no solo el hecho de estar necesitada sexualmente me hacia seguir con el juego, si no que, mi imaginación fue para más pensando en Justin y aquellas cosas pervertidas que pensé muchas veces.

-Estás perdido, Bieber - me separé de él en cuerpo, pero nuestra necesidad de estar a milímetros seguía entre nosotros.

-Lo estuve en el momento que puse los ojos en ti y ni siquiera lo sabía - contestó con un tono que no fui capaz interpretar.

-¿Y te arrepientes? - pregunté sin apartar la vista de ese hombre.

Había cambiado. Era un hombre mucho más atractivo, desaliñado pero cuando se ponía el traje era capaz de despertar todos mis sentidos. Sus brazos eran musculosos, sus ojos, su hoyuelo y su sonrisa. Oh, esos labios que tanto deseaba tener entre los míos por horas y horas.

No me había fijado si los seres femeninos que habitaban la calle miraban a aquel Adonis tal y como yo lo hacia o sólo mis ojos podían ver más de lo que era.

Y es que, el amor es ciego en todos los aspectos, no siempre nos hace ver la realidad, no obstante, el amor no necesita ojos, sólo siente, es lo importante.

-No me arrepiento de nada, nena - me miró por unos segundos. Decía la verdad.

-¿Ni siquiera desaparecer? - ahí estaba el dolor que yo tenía. La brecha que se abrió.

-Por una parte, por que no estaba a tu lado, pero fue cuando me di cuenta lo mucho que te necesitaba para poder seguir respirando.

Eso me dejó sin respiración a mi. Tantas veces que había escuchado lo mucho que él me deseaba y me había echado de menos esos cinco años. Tanto o más como yo a él.

-¿Y harías cualquier cosa por tenerme de nuevo? - pregunté.

-Mataría por ti, pequeña - aseguró.

-¿No te asusta saber que tengo un niño al que cuidar y una vida demasiado complicada? - le pregunté.

Sólo quería oírle decir que pasase lo que pasase, iba a estar conmigo. Esa era la seguridad que me enviaba a él.

Vuela Libre #2 (EDITANDO)¡Lee esta historia GRATIS!