Capítulo 3: Un Simple Alfa.

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El constante y molesto zumbido de su alarma al lado de su cama lo hizo despertarse y acomodarse en la silla frente a su computadora. Se estiró e hizo que todos sus huesos tronaran de manera sonora.

Se había matado toda la maldita noche en hacer el diseño, pero al menos lo había terminado, el nuevo logo de la empresa de sus padres y solo era cuestión de guardarlo en los archivos y enviarlo a su pendrive. Una extraña y torcida sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro cansado y ojeroso.

Justo cuando iba a ir por el pendrive que se encontraba al otro lado de la habitación, tropezó con el cable que conectaba la computadora, el cable se desconectó y por consiguiente el aparato se apagó, borrando su diseño de la faz de la tierra.

Cuando se dio cuenta de lo que hizo trato de recuperar desesperadamente el archivo, pero era muy tarde, se había ido para siempre. Gritó sonoramente y se lanzó a su cama en busca de paz, pero al ver la hora en el reloj le fue imposible. Se apresuró para vestirse y bajar a la cocina a coger algo de comer antes de irse y despedirse de sus padres, pero solo se encontró con una nota y un montón de fruta.

Carter:

Tu padre y yo tuvimos unos problemas en la empresa y nos vimos en la necesidad de irnos temprano. Espero que el diseño esté listo. Te dejé fruta para que te lleves a la escuela ¡Suerte!

Te amo.

Atte: Tu madre.

¡Fantástico! Nada podría empeorar ahora ¿Verdad?

—¡John está en la casa, perras!—gritó entrando un moreno de cabello rizado sujetado en una coleta.

Olvidenlo, ya se jodió.

—¡Demonios, John! ¡Cierra el pico que me explotará la cabeza!—se quejó mientras se sobaba las sienes a manera de aminorar el dolor punzante en su cabeza.

—Ya estás en tus días del mes ¿Verdad?—preguntó burlesco tomando una manzana amarilla del frutero—Deberías dormir un poco de vez en cuando, oí que es malo para la piel.

—¡Solo cállate y vámonos!

Tomó sus cosas y de paso al castaño que era un completo desastre y salieron de su residencia para ir corriendo a la escuela, la cuál estaba a unas cuantas calles de su casa.

En tan solo dos segundos toda su mañana perfecta se hizo pure ¡Y todo por tropezar con un bendito cable! ¿Que seguía? ¿A la oficina del director?

Ambos adolescentes llegaban corriendo al colegio. Justo antes de entrar chocó contra alguien, no supo quien. Trató de seguir su camino e ignorar lo ocurrido, pero el aroma embriagante de canela mezclado con orquídeas se introdujo en sus fosas nasales y algo en su instinto se activó, buscó con la mirada a la persona que desprendía ese olor tan necesitado. No encontró a nadie y el aroma se hacía cada vez más débil hasta que desapareció.

—¡Carter! ¡Hay que entrar o no nos dejarán entrar a clase!—el castaño lo hizo reaccionar y él solo lo siguió hasta dentro del edificio un tanto confundido por lo que acababa de descubrir.

Un Amor Que No Quiere Ser¡Lee esta historia GRATIS!