Noche de Calor - Capítulo 1

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Una noche más pensó Adder apartando las húmedas sabanas. Tanteó la mesita y sin dejar de mirar al techo se encendió un pitillo, dio un par de caladas y se levantó.

Como siempre no estaba solo, una atractiva chica rubia dormía a pierna suelta en su cama, apartó el jersey de leopardo del pasillo y se dirigió al baño haciendo rodar un vaso que chocó contra la pared. Tropezó con la licorera que derramo el poco alcohol que quedaba en ella soltando una ristra de maldiciones y por fin encendió el grifo del agua fría metiéndose debajo.

Le dolía la cabeza y tenía la boca reseca, la ducha lo despejó un poco, hacía demasiado calor así que apenas se seco, busco su ropa por el suelo y salió del apartamento a medio vestir hasta que recordó que aquella era su casa.

Rebuscó entre los bolsillos y sacó las llaves, suspiró y volvió a entrar admirando el desastre. Botellas vacías por doquier, vasos aquí y allá, ropa tirada, suelo pringoso… tendría que limpiar, se apartó el pelo de la frente y se puso manos a la obra.

La música, a todo volumen resonaba por todo el complejo, la bajo y contempló las magnificas vistas que su ático le ofrecía, por su parte, la chica del dormitorio no tardo en despertarse, se ducho y salió de la casa tras despedirse de él entregándole una tarjeta que guardo con todas las demás. No la llamaría, nunca lo hacía. Cambió las sabanas y se fue a comprar esperando a que llegara de nuevo la noche para salir de caza, ese era su único entretenimiento.

Una vez hubo terminado se dejo caer sobre el sofá de cuero negro y su imagen se vio reflejada en la cristalera situada en frente, llevaba los vaqueros desabrochados, iba descalzo y sin camiseta. Su torso musculado estaba perlado de sudor, y el cabello castaño claro se pegaba acentuando sus facciones marcadas y sensuales.

Estaba cansado, hoy no iría al gimnasio, seguramente iría a la playa, sí, lo haría, cogería su tabla y conduciría hasta algún cayo apartado, pero no desconocido y pasaría allí el día exhibiendo su cuerpo atlético y bronceado.

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Ya era Sábado, se había pasado la noche sin pegar ojo sentada en la butaca y con la ropa pegada a la piel a causa del incesante calor, debería ir a trabajar pero no le apetecía. El vaso de agua con lima pendía de su mano lacia hacia un costado, el hielo hacía horas que se había derretido pero aún conservaba algo de frescor, metió la mano en la cubitera y saco un puñado vertiendo la mitad en la bebida mientras deslizaba otro por su bronceada piel haciendo que sus pezones se erizaran.  

Abrió los ojos y vio su pistola tendida sobre la mesa de madera, intento alcanzarla con las puntas de los dedos estirándose todo lo que podía desde su posición pero desistió al comprobar que era incapaz de alcanzarla sin levantarse. 

Suspiró y tras coger fuerzas se incorporó tambaleándose, dio los buenos días a su lobo y se metió en la ducha, le dolía la cabeza y hacia mala cara. Dejó que el agua enfriará su cuerpo y luego salió chorreando, abrió el armario y saco el pote de aspirinas ingiriendo un par, cerró el armario y pasó la mano por el cristal.

Su tez tostada se reflejo en él, sus labios rosados y apetecibles se abrieron en una mueca de incredulidad, ¿Cuánto tiempo hacia que no se miraba al espejo?, estaba más delgada y sus ojos verdes eran más claros y brillantes de lo que recordaba. Pico algo de hielo con el cuchillo y lo vertió en el depósito del ventilador, cogió el peine y cepillo su larga y espesa cabellera color azabache. ¿Desde cuándo lo tenía tan largo?, lo ignoraba pues siempre lo llevaba recogido. Era una chica realmente hermosa, de sensuales curvas, piel suave y largas piernas bien torneadas como el resto de su firme cuerpo. Cogió la crema y observó de reojo el uniforme “casi” diario, debería empezar a pensar un poco más en ella, iría de compras antes de ir al trabajo pensó, sí, lo haría, tenía que darle otro rumbo a su monótona vida. Así que se dio la loción y se vistió en un salto, llamó a su compañero y lo saco a pasear antes de dirigirse al centro a gastar unos cuantos ahorros.

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