Capítulo 11

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Buenos días lectores, espero que os guste el capítulo de hoy :)

Si tenéis dudas siempre la spodéis dejar en los comentarios

Besos!

El apartamento de Magnus era un lugar bastante acogedor. Al llegar activó la runa anti-rastreo y bloqueó su localización de bruja, borrándola del mapa. Nadie la podría encontrar. Volvía a estar sola y sentía que había traicionado a la gente que la había ayudado.

Se hizo una coleta alta y empezó a mirar por el apartamento. Hacía años que no estaba, pero las cosas seguían exactamente en el mismo lugar. Se pasó horas mirando por los estantes hasta que su barriga empezó a hacer ruido. Era hora de comer algo. Sin darse cuenta las horas habían pasado y ya era negra noche cuando se puso a cocinar en el apartamento del difunto mago.

Mientras cocinaba unos cuántos macarrones empezó a pensar en las consecuencias que le traería todo lo que había hecho, empezando por la fuga y acabando por las verdades que había obviado.

Ella seguía adentrada en su mundo cuando oyó que la puerta de la entrada se abría. Alguien la había localizado. Cogió el primer cuchillo que encontró por allí y salió, en guardia.

-¿Sky?

La chica notó como los ojos le escocían al escuchar aquella voz que se le había vuelto tan familiar. Soltó el cuchillo y corrió hasta Alec, quien estaba mirando por el apartamento a ver si la encontraba.

Él al verla la abrazó.

-Cómo sabías que...

-Creía que era el único otro lugar que conocías. No eres tan tonta cómo para ir a Canadá.

-Siento haber venido aquí, es tu casa y...

Alec dibujó una sonrisa triste en su rostro, recordando momentos pasados con Magnus, y negó con la cabeza.

-Magnus estaría encantado de tenerte aquí.

Ella rió y fueron juntos hasta la mesa, donde ella le sirvió otro plato de macarrones al invitado. Los dos se sentaron a la barra de la cocina y se pusieron a comer en silencio.

-Siento no habéroslo explicado... –dijo Sky cuando hubo acabado de cenar.

-No sufras, entendemos el por qué. Además, yo ya hace días que lo sé –admitió él con una sonrisa pícara.

-¿Qué? –preguntó Sky, sorprendida.

Alec la cogió de las manos y clavó sus ojos verdes en los suyos avellana.

-En aquella azotea no puede crecer nada.

El rosal... pensaba que Alec no se daría cuenta de nada. Tenía razón. Por las noches, cuando subía a la azotea, últimamente se dedicaba a hacer un poco de magia y acabó haciendo crecer un pequeño rosal escondido entre arbustos. Él se había dado cuenta y no la había despreciado por tener parte bruja.

-¿Y no me ves como un monstruo? –preguntó ella, riendo.

-Creo que eres tú la que nos tendría que ver cómo monstruos a nosotros –le contestó él-. Tienes que descansar, te esperan días muy largos.

Los dos se levantaron de los taburetes y se dirigieron hacia la sala de estar donde estaba el sofá. Se estiraron allí y empezaron a hablar de estupideces. Alec tenía muchas preguntas para hacerle, pero sabía que ella lo necesitaba y decidió esperar, ya llegaría el momento de poder hablar con tranquilidad.

Ella le empezó a hablar de todo lo que había hecho en Canadá antes de venir hasta aquí y él la escuchó sin interrumpirla, la dejó hacer. Se pasaron horas así hasta que Sky se dio cuenta que Alec ya lo había aguantado bastante y decidió recompensarlo.

-Ven, te quiero enseñar una cosa.

El moreno sonrió y la siguió hasta el lado de una pequeña estantería de pociones. Cuando él vivía allí con Magnus lo dejaba siempre solo en su rincón de pociones, así que no tenía ni idea de que había allí dentro. Su amiga sacó un trocito de cordel grueso y le dirigió una dulce sonrisa. Se puso la mano en uno de los bolsillos de la sudadera y sacó una pequeña piedra de color negro.

-¿Qué es esto? –preguntó Alec mientras miraba como ella ponía la piedra en medio del cordel.

-Es para ti. Esta piedra me la encontré hace muchos años y es mágica –empezó a explicarle ella, poniéndole la pulsera en la muñeca derecha-. Cuando estás con alguien, a veces, se ilumina. Cada color describe los sentimientos que tienes hacia aquella persona.

El chico quedó estupefacto y se empezó a mirar la muñeca.

-Se ilumina a voluntad propia. Tú no puedes decidir cuándo ni qué color hace.

Alec le sonrió y le dio un tierno beso a la mejilla.

-Gracias. ¿Y que quieren decir los colores?

-No es exacto, pero normalmente el amarillo es confianza, el azul es parabatai, el naranja es amor fraternal, el verde es desconfianza, el blanco es admiración, el lila es miedo, el rosa es amor intenso hacia alguien, el rojo es pasión... Hay muchos Alec, ya los descubrirás.

"Espero que esto te proteja..." pensó Sky mientras lo abrazaba.

El submundo contigo (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!