Capitulo 23.

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      Joseph:

                Creo que necesitas regresar antes de que, si no me equivoco, sea demasiado tarde.

                                                                                    Sebastian.

Y con eso, dobló la hoja en dos y la metió en el sobre que ya tenía junto a él. No necesitaba poner nada más. Estaba seguro que a mayor brevedad de contenido, su cuñado estaría más intrigado y preocupado como para volver lo antes posible.

A Sebastian Greene no le gustaba entrometerse en asuntos que no le afectaban, pero esa vez, estaba seguro de que Emmeline apreciaría su ayuda. Todos, incluida su esposa, estaban presionando a Emmeline y Parker juntos, sin ningún tipo de sutileza. Incluso este último parecía bastante desesperado por tenerla.

¿Es qué nadie se daba cuenta del desinterés de ella por ese hombre?

Desde un principio había advertido algo extraño en todo aquello, algo a lo que Elizabeth debía de estar ajena, puesto que si lo supiese, ella no estaría contribuyendo a aquella locura. Ambos habían aprendido a querer a Emmeline desde la primera vez que la habían visto hacía ya varios meses. Supieron que era lo único que le faltaba a aquel lugar para resplandecer. Y ella no los había decepcionado.

No habían pensado que se quedaría allí para siempre. Eso sería egoísta y ambos querían que fuese feliz. Y para eso, una mujer necesitaba una familia. Necesitaba un esposo, antes que nada. Pero ahora, con la nueva información que poseía, sabía que existía la probabilidad de que las dos cosas fuesen posibles al mismo tiempo, y no se consideraría una buena persona si no hiciera una pequeña contribución a la causa.

Además, no era solo la felicidad de Emmie la que estaba en juego. Si Joseph le había dado el colgante con el anillo de su madre a Emmeline, tenía que ser por un motivo. Uno muy especial.

Así que no tuvo más dudas y se apresuró a buscar un eficiente, reservado y rápido mensajero que se encargara de llevarle el mensaje a Joseph, lo entregase en sus manos y aguardase una respuesta. Aunque prefería que la única respuesta que recibiera fuese la presencia del Marqués en su casa.

Emmie tenía que reconocer que pasear por Hyde Park era bastante relajante. No había ido mucho por allí en el último tiempo. Había preferido quedarse en la casa y acompañar a Beth en lo que fuese que estaba haciendo, caminar por el gran jardín que tenían, leer uno de los tantos libros que Joseph guardaba en su biblioteca, Rookwood, por ejemplo, pensó con una mueca divertida, o simplemente escribir en su cuaderno. Cuando no estaba con Joseph, claro.

Le gustaba esa vida, era tranquila y la hacía feliz. Le gustaba esa paz que la acompañaba. Porque a pesar de no poder quitarse las pesadillas, en el lugar donde vivía ahora, no guardaba ningún recuerdo aterrador. Podía estar sola en cualquier cuarto sin estremecerse o que la recorriesen escalofríos cuando entraba.

Su madre y Lady Claire caminaban delante de ellos parloteando demasiado para su gusto. Ella adoraba hablar, pero en esos días no estaba de un humor particularmente bueno para escuchar a nadie más. ¡Bien! La verdad era que estaba enfadada con su madre y no quería oír nada de ella, puesto que cada vez que abría su boca, era para empujarla a los brazos de Parker Holiday.

Entonces, por más retórico que pareciera, prefería la compañía de su hermano y Parker, que en aquel momento hablaban sobre algo que no la incluía en absoluto. Y eso era perfecto.

Miró hacia la vereda de enfrente y al instante reconoció a aquella pequeña jovencita que la contemplaba con la boca y los ojos abiertos de par en par. Nada propio de la dama que ella sabía que era.

Inapropiadamente Hermosa (Confesiones en la noche #1)¡Lee esta historia GRATIS!