Los tres nos giramos a mirar a los pilotos. Estaban detrás de una mitad de pared por lo que solo alcanzábamos a ver la mitad de cada uno. Ambos llevaban unos enormes audífonos puestos y conversaban entre sí a través de sus micrófonos.

—Quizás no se han dado cuenta del desmayo de Theo —repuso Mike de manera optimista.

—No podemos estar seguros —replicó Finn, bastante inquieto y nervioso.

—Corrámoslo hacia detrás de un asiento dónde no puedan verlo si se giran —sugerí. Ya no quedaba más que rezar porque no se hubiesen percatado.

Finn y Mike me hicieron caso sin decir una palabra. La enfermera ayudó poniéndole una almohada en su cabeza. Me senté en el asiento cercano a él, y la enfermera en una butaca al frente. Finn y Mike se sentaron en los primeros asientos para ver si lograban escuchar las conversaciones de los pilotos.

—Tranquila, princesa, deben quedar a lo más cinco minutos para que despierte —me animó la enfermera después de quince minutos. Su cara se llenó de arrugas al elevar una sonrisa amable.

—Gracias... —balbuceé aún nerviosa.

—Mi hija tiene su edad, no me la imagino pasando por todo lo que ha tenido que pasar usted. −Apretó sus labios y continuó—. Alejándose de su familia, teniendo algo que no conoce su cuerpo, y un ejército completo llenos de locos de remate queriendo capturarla —negó la cabeza con infelicidad.

—Tengo a los mejores guardianes —confesé elevando una sonrisa. Gracias a ellos no estaba en una crisis de pánico constante al borde de un derrame cerebral por tanto shock y estrés.

—Tienes solo un verdadero guardián, princesa —escuché un susurro ronco desde suelo.

—¡Oh santo cielo! —exclamé cuando Theo se levantó del piso de un solo salto.

—¿Qué diablos pasó? —inquirió, pasándose la mano por su desordenado cabello moreno y mirando las botellas de agua tiradas en el pasillo. Su cara era entre confusión y perplejidad.

Mike le contó rápidamente, echando miradas a los pilotos para cerciorarse de que no estuvieran espiando. Theo lo escuchaba de brazos cruzados, con los ojos abiertos y el ceño fruncido. También le contó sobre la promesa de la enfermera de no decir nada.

—No lo entiendo —susurró con disgusto—. Esto tiene que ser un error, yo no tengo ni una gota de esa mugrosa sangre en mi cuerpo, antes prefiero morir —espetó con asco.

—Llegamos en diez minutos —anunció la piloto mujer por el alto parlante con voz neutral.

—Theo, nadie que no sea de tu absoluta confianza puede saberlo —dijo Finn—, pero envíale un mensaje a tu padre por el CodeMessage y cuéntale lo ocurrido. Quizás el tiene alguna idea de por qué la parálisis te afectó.

Finn estaba parado a mi lado y no mostraba ni la más pizca de rencor hacia Theo. O era muy poco orgulloso o de verdad entendía el actuar de Theo, algo que definitivamente yo no. Jamás podría justificar con violencia algo tan estúpido. Excepto claro, cuando me atacó mi ex novio lumbiano Brandon, él se mereció toda la violencia del mundo.

Theo asintió hacia Finn y tecleó en su CodeMessage, tomando el consejo de Finn.

Finn se giró levemente y me echó una sutil ojeada.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Lo estaré cuando lleguemos a Ava y sepamos por qué la parálisis le afectó a Theo —declaré angustiada por la incertidumbre.

—Lo mismo digo —agregó Mike que seguía nervioso, algo muy raro en él. Luego me miró dedicándome una gran sonrisa y suspiró levantando las cejas—. Maldito Jatar, por qué tenías que desmayarte, se supone que tienes que evitar los problemas durante la misión, no causarlos —expuso medio divertido.

ATANEA I: Valentía Donde viven las historias. Descúbrelo ahora