ATANEA: XX

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Capítulo 20: Captura.

Salté de un golpe hacia Theo, quien estaba tirado de costado sobre el pasillo del avión. Mike, Finn y la enfermera se agacharon a mi lado.

—¿Qué diablos le pasó? ¿Se desmayó? ¿Por qué? ¿Lo envenenaron? —pregunté frenética mirando de par en par de Mike hacia Finn y viceversa .

No podía creer que Theo estuviera tirado en el suelo, inconsciente e indefenso. Esa imagen me aterrorizaba.

La enfermera le tomó el pulso y revisó sus signos vitales con una extraña maquinita que había sacado de un maletín.

—Sus signos están estables y fuertes —anunció la enfermera y solté un suspiro de alivio.

—El hechizo contra los lumbianos... ¿le hizo efecto? —conjeturó Finn juntando las cejas y mirando a Mike.

—No...no... no lo sé —respondió negando con la cabeza, con su rostro lleno de confusión. Paseaba su ojo sano color avellana con desconcierto de Theo hacia Finn, una y otra vez, sin saber bien qué decir.

—Piensa, Mike. Lo conoces desde siempre —le pedí. Yo solo sabía que su padre era la mano derecha del rey Archibald.

—¿Su madre? ¿Abuelos? —preguntó Finn, ayudándolo a pensar.

—Su madre era de Atanea y murió dándolo a luz —explicó Mike con tristeza−. Y por lo que sé, sus abuelos maternos y paternos eran de Atanea. Su abuela materna aún está viva y vive en nuestro reino.

—¿Entonces cómo? —inquirí inquieta mientras sostenía la mano de Theo. El asunto me estaba desesperando. Theo seguía ahí, dormido e inconsciente, y no teníamos idea del porqué.

—Claire —Finn puso su mano sobre mi hombro intentando darme tranquilidad—, apenas lleguemos a Ava hablaremos con el miembro del alto mando de Atanea que se encuentra allí y sabremos la razón. Solo está dormi...

—¿Qué quieres hacer qué? —interrumpió Mike indignado, con una seriedad que casi nunca se veía en él—. Tienes que usar la cabeza, Finn. Si saben que Theo se desmayó justo para el sedante hacia los lumbianos, creerán que es uno de ellos —siseó—. Lo encerrarán mientras hacen una investigación. Imagínate el escándalo. —Alzó sus manos exasperado—. "El guardián de la princesa tiene sangre lumbiana", sería el fin para la familia de Theo y le lloverían las críticas al rey Archibald por haberlo escogido como guardián.

La enfermera que controlaba los signos de Theo nos miraba ocasionalmente. Me pregunté como harían para que ella y los pilotos guardasen el secreto.

—Mike tiene razón —declaré y Finn afirmó convencido—. No podemos contarle a nadie, pero —bajé la voz—, recuerden que hay tres personas más en este avión.

La enfermera levantó la vista con notable incomodidad.

—No se preocupen, esto no es asunto mío. Soy profesional y no iré por ahí contando chismes de los que no tengo la menor idea —dijo mirándome fijo—. Mi trabajo es sanar gente, no cuchichear. Bajaré de este avión y me iré al hospital sin decir una palabra al respecto. Mi lealtad está con la princesa, con la nieta del rey Archibald. No es necesario que me ordene mantener esto en completa omisión —repuso de manera firme y decidida.

No podía saber si lo que decía era verdad. Sonaba muy honesta, pero en medio de una guerra no puedes confiar en la palabra de un desconocido. Sin embargo, no teníamos otra opción que confiar en la anciana. Se me revolvió en el estómago al pensar que estábamos dejando algo tan delicado en la confianza que le teníamos a una desconocida.

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