Capitulo 5: "Mundo de sospechas"

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La situación se tornaba grabe, al parecer Talía estaba al borde de la muerte, y Abel no dejaba de mirar a los alrededores. Buscaba alguna posible causa que estaba provocando que todos esos males le estuvieran sucediendo a su compañera de grupo, pero no había nada, ¡no podía ubicar el porqué de su estado!

—Si tan sólo no hubiera usado su reloj... ¡quién sabe en qué estaba pensando ella cuando lo hizo! —Alan cerró sus puños con indignación, y la mezcló con dolor por su compañera, incluso parecía que algunas lágrimas iban a escapar de sus ojos por los sentimientos que lo invadían. En esa fase, la reacción para el resto de compañeros debería de ser recíproca, pero la verdad no pasó de esa manera, es más, parecía que el rostro de Abel se había iluminado.

—Cuando usó su... —no llegó a terminar la frase que fue corriendo enseguida a donde ella estaba, sí, lo había descubierto, quizás era eso. Fue entonces que buscó con su mirada con determinada desesperación, quería encontrar a ese deshonroso objeto que les había causado esa desdicha, y si estaba en lo correcto, probablemente sería la solución—. ¡Aquí está! —exclamó el rubio a la hora en que logró sacarle el reloj de la muñeca a su amiga. Los allí presentes estaban boquiabiertos sin entender que era lo que exactamente había hecho el chico, pero no hizo falta dar explicaciones, ya que los resultados aparecieron a la vista.

—¡Mira! ¡La piel de Talía está recuperando su color! —le dijo Alan impresionado.

—Sí, ¿pero cómo? —preguntó Yamil de la misma forma.

—Era el reloj —se acercó a ellos el de ojos verdes, y les mostró en su mano el objeto—. Al parecer... quizás ella pensó que sería lastimada cuando usará el reloj para limpiar esas cosas.

—Eso explicaría porque enfermó cuando apenas termino de usarlo —mencionó Alan.

—Sí —respondió Abel.

—¡Es culpa de ella! ¿Cómo es que no nos avisó antes de esto? —reclamó el pelirrojo completamente desanimado por lo que estaba pasando, además de que aún tenía a su hermana encerrada en aquel lugar sin posibilidades de salir.

—Cálmate, Yamil, quizás ella se olvidó.

—¡No la defiendas Abel!

En ese momento, los parlantes sonaron, interrumpiendo la pelea que empezaba entre los dos chicos. El anuncio fue un pedido de que fueran a la sala principal de la nave.

—Vamos... luego hablaremos de esto —dijo Abel, y los demás lo siguieron, aunque Yamil dudó antes de ir a donde ellos. Al llegar, todos se distribuyeron para sentarse en la gran sala, y una vez acomodados, la pantalla se encendió dejando entre ver a la joven de cabellos blancos.

—Buenas tardes, elegidos, sé que seguramente es una situación bastante difícil para todos. Por ahora, deseo brindarles un poco de aliento para la siguiente contienda. Así es como les presento la reincorporación de su compañera —las compuertas del suelo se abrieron, y subió a la superficie la capsula en donde Misa estaba encerrada, y dentro de la misma, podía apreciarse un poco de vapor, uno de color celeste, pero también el mismo fue liberado cuando el contenedor abrió sus compuertas.

—¡Misa! —su hermano se acercó enseguida a ella para posar su cabeza en su pecho, queriendo así asegurarse de que en verdad estuviera viva, y efectivamente, lo estaba. Agradeció que solamente estuviera inconsciente; por lo mismo, al sentir un profundo alivio, empezó a sollozar contra las rodillas de su hermana. Los otros dos chicos no se acercaron, no querían hacerlo, después de todo, les parecía extraño que ella aún no hubiera salido de esa capsula en todo el tiempo en que estuvieron en el desértico planeta, y quizás, ya había pasado una hora de su travesía, o tal vez dos.
Alan elevó su rostro hacia ella, y le reprochó del porqué no les advirtió sobre el peligro de los relojes.

Sueños Bajo el Agua ©¡Lee esta historia GRATIS!