Capítulo 4.

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Me siento tan malditamente culpable. Me siento culpable por no haberla protegido, de haberle gritado aquellas estúpidas palabras que hicieron que huyera de mí, me arrepiento de haber sido un estúpido todo este tiempo y  me arrepiento mayormente en haberle susurrado “Te amo” rompiendo a si el corazón de la chica que verdaderamente yo amaba.

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Me acomode mejor en el asiento. Estaba algo incómodo por la rodilla de Dea en mi espalda, me dolía a mares. Emma estaba acurrucada en el asiento de copiloto, se veía adorable. Nuestro nuevo compañero de viaje no había pegado un ojo en todo el camino, cosa que me inquietaba. Michael, comparado con Ashton, es demasiado conservador, tímido y callado mientras que el rizado era difícil que se callara un segundo. Admito que extrañaba algo a Ashton, pero entendía porque se tenía que ir y se notaba cuanta falta le hacían, seguramente su familia también lo necesitara. Sigo sin entender como pudo irse solo por una chica, claro, quien soy yo para decir nada, pero es estúpido irte de tu casa, alejarte de las personas que amas por alguien que no aprecio tu amor ni que lo merecía. Supongo que estaba muy enamorado de ella, como yo de Dea, o eso creía. Dea se alejó de mí, se alejó por Matt y Emma estuvo en su lugar; Emma. Me odio tanto por lastimarla, por no corresponder a sus sentimientos. Sigo pegado a una fantasía estúpida de que algún día Dea me ame como yo a ella, Emma tenía razón, me estoy conformando y la estoy lastimando por ello.
¿Qué, qué ciento al ver a Dea? Antes esta pregunta la hubiese contestado tan rápidamente pero, ahora, estoy confundido con lo que siento por ella. Ahora todo es tan complicado.

¿Qué, qué ciento al ver a Emma? Esta pregunta nunca la pude responder, nunca tuve la palabra para decir lo que me hace sentir al mirarla. Ella me trasmite una paz, una tranquilidad asombrosa. Sé cuándo se siente triste o cuando hizo algo indebido. Me gusta cuando sonríe y me mira haciéndome transmitir esa felicidad, pero, cuando llora, maldición, me siento tan triste, ten enojado y frustrado. Qué siento al ver a Emma, ciento que el resto del mundo desaparece y que solo somos ella y yo, siento como con solo una mirada me transmite muchas emociones que apenas puedo procesar.

Me sentía un idiota, un idiota grandísimo. Siempre deseé enamorarme de la morena que no me di cuenta que ya lo estaba. Porque, ¡sí, me gustaba la morena! Y la rubia solo era una cara bonita, porque con Emma no sentía esas estúpidas mariposas que se supone que debes de sentir cuando estás enamorado, no, yo no sentía eso, yo sentía felicidad cuando la veía pasar con su melena suelta, yo sentía ansiedad por llamarla cada noche antes de dormir solo para decir “Buenas noches, Emma”, yo sentía amor por ella, por sus locuras, sus caprichos y demás, yo la amaba y era un idiota por no darme cuenta antes.

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Estacione el auto en una gasolinera. Todos nos bajamos y estiramos nuestros cuerpos que estaban entumecidos por el largo viaje.

Mire a la morocha que se estaba estirando mientras caminaba a una cafetería no muy lejana.

-Michael-lo llame apurado-¿sabes manejar?-pregunte impaciente.

-algo-pronunció.

-bien, ¿puedes estacionar el auto allí cuando termine de cargar?-pregunté extendiéndole las llaves.

-claro-las tomó con una sonrisa tímida.

-cuento contigo- dije llendo a la cafetería.

Entré encontrándome a una Emma adolorida tomando despacio su café.

-hola-saludé sentándome enfrente de ella.

-hola-sonrió cansada.

-¿pasa algo?-pregunte levemente preocupado.

-no, solo es que dormí mal- respondió restándole importancia.

-si esa postura te duele al dormir, deberías intentar ponerte diferente- aconseje con doble intención.

Disconnected: Meet You There (LIBRO LUKE)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora