Y es que eso era otra cosa, la estúpida de Sandy no tenía otra cosa que hacer que echarle un hechizo a la pobre Keyla. Ni que ella tuviera la culpa de que su alma esté condenada a una muñeca rusa. Menos mal que Nina ya se había encargado de ella.

-Sí, pero no quiero dañar al bebé...

-Bueno, no puedo asegurarte nada.

-Entonces, no...

-¿Segura de ello? Pregunté al verla que aún no estaba segura del todo.

-No lo sé, pero... La chica fue interrumpida por su novio humano acercándose a nosotras.

-Bueno, querida. Esta tarde paso por tu casa y ya me dices. ¡Adiós! –Dije antes de levantarme para dirigirme directamente hacia la salida del comedor.

Debería recuperar energía si de verdad tenía que deshacer ese maldito hechizo más tarde.

•••

-¿Y crees que aceptará de una vez?

-Eso espero. No vine aquí para perder mi tiempo y energía.

-La obligaré si no quiere.

-Mucho mejor. –Le sonreí a Arthur antes de tocar el timbre y esperar a que nos abrieran la puerta.

No pasó mucho tiempo cuando fue la misma Keyla la que nos abrió la puerta de su casa. Primero me miró a mí y luego a Arthur.

-¡Hola!

-Hola... –Murmuró desconfiada, pero aún así se hizo a un lado para dejarnos pasar.

-¿Tomaste una decisión ya?
Pregunté siguiéndola hacia el salón antes de que Arthur llamara la atención de todos.

-Cariño...

-Ay, lo siento. –Reí deteniéndome para verlo aún en la entrada. –Tienes que darle permiso para entrar, Keyla. 

-¿Eh? –Preguntó más que confundida.

-Sí... Quizás no te lo había dicho, pero...

-Ay, madre. –Murmuró abriendo los ojos al imaginarse lo evidente. –Espera un momento. ¡Papá! Creo que es mejor que subas a tu habitación.

-¿Qué? Un hombre, muy joven para creer que sería su padre, se acercó a nosotras mirándolo interesado.

-Sí, tenemos cosas muy importantes de las que hablar.Volvió a decirle su hija apresurada.

-Sí, vale. ¿Pero por qué él está en la puerta? Pasa, muchacho. Ni que fueras un vampiro...

-Gracias. –Comentó Arthur sin dejar de sonreír por el comentario anterior mientras que Keyla tragaba saliva preocupada porque lo descubriera.

-Bien, ya puedes subir a tu habitación. Adiós. –Lo empujó levemente​ hacia las escaleras para que siguiera con su camino.  –¿Por qué será que no me sorprende esto ya?

-¿Por qué tú ves espíritus?
Pregunté alzando una ceja antes de dirigirme hacia el salón para sentarme.

-Creí que era la única rara del mundo...

-Por favor, querida. En el mundo hay muchas razas especiales aunque tú no las creas. Por cierto, soy Arthur.

-Keyla...

-Lo sé. –Arthur le sonrió orgulloso de si mismo para sentarse a mi lado.

-¿Y bien, que decidiste?

-Aún no lo sé... No quiero hacerle daño a mi hijo.

-Para eso está Arthur aquí. ¿Verdad, Ar?

-Sí.

-Su sangre cura todo.Volví a decir mirándola con confianza.

-Pero mi bebé aún no ha nacido...

-¿Quiéres arriesgarte o no?

-Yo... No puedo hacerle esto a Efrén...

-Entonces no quieres recuperar tu poder. Dije intentando sacarla de sus casillas para que cediera de una vez por todas. Ya había dicho que a aquí no había venido a perder mi tiempo.

-¡Claro que quiero recuperarlo!

-Pues para que eso suceda, debo romper el hechizo que Sandy hizo sobre ti.

-Pero mi bebé...

-Ay, ya me cansé. –Arthur se colocó frente a ella en un abrir y cerrar de ojos para agarrarla por los brazos sin hacer presión y mirarla a los ojos intensamente. Eso sólo significaba una cosa.
Quedarás dormida toda la duración del conjuro. Solo despertarás al oír la frase "Keyla, despierta" de parte de Lorraine.

Keyla cerró los ojos al instante para desvanecerse en los brazos de Arthur. Éste la recostó en el sillón cómodamente para mirarme sonriendo.

-Listo.

-¿Y quiéres que te lo agradezca?

-Por supuesto. –Me crucé de brazos alzando una ceja antes de que éste se apoderara de mi boca rápidamente.

-Arthur, para.

-Era mi moneda de cambio, por Dios.

-Pero acordamos que solo era sexo, nada de besos.

-Ay, lo siento. Olvidaba que ese niñato era el dueño de tu boca ahora. –Rodé los ojos sacando una daga de plata del bolso. –Iré a obligar a su padre también. Solo bastaba que bajara a incordiar como su hija.

Desapareció del salón dejándonos a Keyla y a mi solas.

Suspiré preparando todas las cosas que usaría para quitarle el hechizo sobre la mesa mientras que pensaba en nuestra discusión.

Arthur aún no había comprendido, o mejor dicho, no quería comprender que me gustara Dave.

Sí, por fin había admitido algo más que evidente, señores y señoras.

Por lo que ahora nuestra relación era rara, la mía con Arthur digo. Con Dave no pasamos de unos simples besos y poco más, y no porque él no quisiera. Soy yo la que se niega.

Quiero que está relación sea diferente porque él es diferente. Quiero que la primera vez que lo hagamos juntos, sea bonita y especial, pero sobre todo, quiero que haya amor por ambas partes, y no solo pasión y desenfreno como me pasa con Arthur.

Volví a suspirar abriendo el libro de conjuros por la página en la que el hechizo de Keyla desapareciera para acercarme a ella y agarrar la palma de su mano haciendo un corte con la daga.

-Venga, manos a la obra.

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