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     Cuando salieron del local, a Jo le pareció ver a Bobby contemplándola desde la esquina. Enseguida se dijo que no podía tratarse de él, ya que el hombre le sonreía. Posiblemente era una alucinación producida por el cansancio. Lo confirmó cuando creyó ver a Gus vestido con un traje, al otro lado de la calle.

¿Estaré volviéndome loca? —pensó.

Violeta fue la primera en subir. Quería darse una ducha, porque tenía pintura hasta en el cabello. Lo tenía todo pegoteado. Chris se quedó charlando con Evan en la entrada del edificio y Joanna se sentó un momento en las escaleras, a contemplar el atardecer. Ella también estaba llena de pintura, pero tenía que esperar su turno para bañarse.

Todavía no había oscurecido. Esperaba ansiosa que llegara la hora del crepúsculo para poder ver a Dante.

Susurró, sabiendo que él podría escucharla:

—¿Te parece si nos vemos en la terraza?

No creo que exista un mejor lugar para encontrarnos. Espérame allí, bella princesa. Trataré de que mi presencia no perturbe demasiado tus sentidos. No quiero asustarte.

—Solo me asustaría que nunca llegaras —susurró ella entre dientes, tratando de que Chris no la escuchara. Era el único del que tenía que ocultar su conversación.

Eso no ocurrirá. Tendrían que atarme con fuertes cadenas para separarme de tu lado, y aún así, lograría escapar. Porque no existe nada lo suficientemente poderoso como para mantenerme alejado de ti.

—Ay, Dante... —suspiró, con una sonrisa—. Lamento arruinarte el clima poético. Voy a necesitar un tiempito para quitarme la pintura y ponerme ropa decente. Doy lástima.

Estás preciosa.

—¡No es cierto!

Te esperaré todo el tiempo que sea necesario. ¿Una hora te parece suficiente?

—¡Perfecto! Pero... tengo que advertirte...

Que seguro que tratarás de tocarme y yo, como siempre, esquivaré tu feroz ataque. No te preocupes, no espero otra cosa.

—Pensé que te molestaba. —Se extrañó ella.

Aunque, pensándolo bien, Dante era un poco contradictorio algunas veces. Eso pasaba cuando el corazón y la mente estaban en pugna.

No me molesta tanto como te he hecho creer. Sé que hago mal en decírtelo, pero me gusta. Sin embargo, preferiría que no fueras tan obstinada.

—¿Por qué dices que haces mal?

—Porque eso no hace más que incentivarte, y ambos sabemos que las cosas podrían terminar mal si lograras ponerme una mano encima.

—Al menos tienes buenos reflejos para esquivarme.

¡Ya lo creo!

Chris se despidió con la mano, y subió a su departamento.

Evan se acercó a Joanna y Dante se apartó unos metros para dejarlos hablar.

—¿Te molesta si me llevo a tu amiga esta noche? Voy a pasearla un poco por la city. —Parecía entusiasmado con la idea. Él era así. Impredecible.

—No, ¿cómo iba a molestarme? Llévatela, por favor. Necesita distraerse un poco.

—De paso, podrás estar a solas con tu Romeo... —Señaló a Dante con la cabeza y le guiñó un ojo. Jo lo miró sospechosamente.

El ángel de la oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!