Upside Down

753 138 51


I.

Los edificios se alzan a contra luz.

Pero esto es algo usual, es el mismo escenario que ve Midoriya Izuku al despertar por las mañanas, su madre con el cabello verde moviéndose en bucles alrededor de su rostro, la boca está en un gesto relajado y la píldora roja es depositada junto al café.

—No olvides tomar tu píldora Izuku —dice ella, entonces el sonido de la puerta cerrándose es lo único que resuena en la habitación. La píldora roja se mese tranquilamente, traslucida, creando figuras en la madera del comedor.

Izuku la toma entre sus dedos y se la traga. Justo como hace todos los días.

En esta sociedad, las emociones son algo antinatural. La píldora es la única que permite eso, evita que el hombre se descontrole bajo el peso de sus propias emociones, es lo que le da estabilidad al mundo. Sin embargo, existe un pequeño grupo de disidentes, gente que no toma las píldoras. Extraños, vagabundos y estos, según el sistema educativo deben ser evitados a toda costa.

O eso es lo que dice Aizawa-sensei frente a la clase.

E Izuku quien lo observa fijamente junto a las otras, dieciocho cabezas a su alrededor hacen. Eso es lo normal, esa es la norma, eso es ser humano. Es cuando la voz de Aizawa-sensei clara y sonora le pide que escriban un ensayo de 3.000 palabras.

Izuku curiosamente no estaba prestando atención.

Izuku no está prestando atención desde ese día...

—Midoriya —saluda él a su espalda— ¿Ya escribiste tu ensayo?

Gris y azul, es Todoroki Shouto. Lo conoce de hace poco, pero de alguna manera habían terminado por congeniar... O eso es lo que Izuku se dice a sí mismo, desde que no puede saber con exactitud qué es lo que siente, o mas exactamente desde que no puede sentir.

—No. —Contesta sacudiendo la cabeza, se levanta también y recoge sus útiles— Es para mañana.

Es cuando están afuera que Todoroki continua.

—Podríamos terminarlo juntos.

—Es una buena idea, Todoroki-kun.

Entonces, él aparece como un remolino por entre las grietas de la ciudad. Persiguiendo un enemigo imaginario, que Todoroki no es capaz de ver y Midoriya a duras penas divisa. Lo que si notan ambos es que están en el punto de colisión de Bakugou katsuki.

—¿Oye bastardo qué diablos estás haciendo? —rezonga la verlos en el medio, pero sus ojos se establecen sobre los de Izuku, y piensa que está acostumbrado a esa mirada.

—Midoriya. —suspira Todoroki, pasando un brazo por delante suyo, en un innecesario pero tocante gesto protector.

—¿Kacchan? —cuestiona Izuku.

—Ah, solo es Deku. —Bakugo Katsuki chasquea la lengua. Observa a Todoroki de soslayo y continua con por su lado, cruzando la calle sin atender la señal de transito—. Mejor quítate del camino, no quiero dañar a tu compañero.

Bakugo se pierde en la lejanía y de alguna manera Izuku piensa que le ha robado algo, pero han sido varias semanas desde las que siente que Bakugou Katsuki está robando pequeñas piezas de su cuerpo. El se lleva consigo partes de su memoria, partes irrecuperables que se entrelazan lentamente. 

—Midoriya, él es... —anuncia Todoroki...

—Sí. —asiente.

—Un inestable. —En la voz de Todoroki no hay ni el más mínimo toque de sorpresa. Eso es porque él no puede sentirla.

Upside Down¡Lee esta historia GRATIS!